Son tan solo tres segundos. Un hombre con traje y canotier, que luce una barba blanca y arreglada, cruza el plano. Avanza, se detiene un instante, mira a un lado y desaparece de la pantalla. Esa persona, que sale de una boda en el centro de Barcelona en 1922,
¿podría ser Antoni Gaudí? Esa es la pregunta que lanza en su blog la historiadora del arte
Beli Artigas, quien recientemente recibió una cinta familiar en la que supuestamente aparecía el arquitecto catalán en movimiento.
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