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Nathy Peluso cierra gira en Madrid, en su salsa

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La Mafiosa, la Presa, la Malportada. Antaño la Sandunguera y, si permiten añadir, también la Salvaje. Todos esos apodos tienen dueña, y es Nathy Peluso. La artista argentina es pura ferocidad, una compositora y cantante indómita que ayer se llevó al público de Madrid de calle. Y de mucha, mucha calle. Pues la primera sensación que ofreció anoche Peluso en el Movistar Arena -asistieron alrededor de 11.000 personas-, durante la última fecha de su gira internacional "Grasa Tour", fue precisamente la de una artista que viene de vuelta. Es joven, pero a sus 31 años es capaz de interpretar hip-hop con la misma naturalidad y talento con la que baila salsa. Y así lo hizo, vestida de una suerte de pirata rapera, con plumas y visera, y durante casi dos horas de puro cine.

A lo largo del show, que arrancó con una obertura en la que interpretó "Corleone", "Aprender a amar", "Business woman" y "Legendario", para ir abriendo boca, la artista fue protagonista tanto musical como también de una película. Se dividió el show en tres partes. Tres "episodios" introducidos cada uno de ellos con un vídeo en el que una Peluso, a lo 007, era perseguida por unos pistoleros -también sus impecables bailarines- a los que, no obstante, vence con tal de proteger el bote de mayonesa ("Grasa") que custodia en un maletín. A las canciones "Real", "Delito" y "Ateo" de la primera parte, le siguieron un segundo capítulo cargado de baile, "twerking" y sentadillas.

Como si el público estuviese en plena clase de Crossfit, la argentina no dejó casi ni un minuto para recuperar el aliento, mientras cantaba "Todo roto", "Nasty girl", "Sana Sana", "Salvaje" o "Menina". Sí recuperó aire antes de tocar "El día que perdí mi juventud", cuando aprovechó para dirigirse al público. "Gracias por este ritual que me permiten hacer cada vez que me subo a un escenario. Un ritual del amor, la verdad, del despertar y ser consciente de mi función, de mi don y de la oportunidad que tengo de inspirar a cada persona a la que le canto. La música es mi camino, la vida sin música sería tan aburrida, vacía y silenciosa... Esta canción la compuse cuando estaba perdida. Me senté, escuché la naturaleza, me escuché a mí, y me dije que me tenía que rescatar. Porque, si no me rescato yo, ¿quién me va a rescatar?", introdujo.

El poderío y el empoderamiento de Peluso no es uno adornado. Esta mujer salvaje, esa "chica mala", arremete y reivindica con una confianza en sí misma que no es más producto que el de un trabajo propio. Es decir, sí, necesitamos del entorno para alcanzar una igualdad y bienestar social lógico y razonable. Pero, como diría Peluso: "Tienes que aprender a amarte, perra". El cambio también se alcanza desde dentro de cada una. Y la que necesite un empujón que escuche "Todo roto", de Peluso con Ca7riel & Paco Amoroso. Esta canción fue uno de los momentazos del concierto. Bajó la artista al público, con quien coreó férreos mensajes como "aunque esté todo roto la partimos, ¡carajo!".

Y llegó el punto de inflexión del concierto. El momento en el que la Mafiosa, la Fugitiva, la Malportada se reencontró con el público madrileño, esta vez vestida de rojo, para cantar y bailar salsa como si no hubiese un mañana. "Yo sé que en mi público hay gente valiente, irreverente, triunfadora. Mientras nosotras triunfamos, hay gente que mientras tanto se dedica a envidiar". Así introdujo "Envidia", para también cantar "Mafiosa", "Puro Veneno", "Malportada", "Que lluevan flores", "A caballo" o "No es otra canción romántica". No paró Peluso de moverse. Mientras cantaba, corría, bailaba, subía, bajaba, galopaba. Y su voz se mantuvo como ella: fuerte, con presencia. La artista se movía entre octavas con la misma agilidad que hacía sentadillas o se recostaba sobre una escalera -de un azul eléctrico que se extendía hacia una pasarela- para la balada introductoria de "Envidia".

Dos cosas quedaron claras: que Nathy Peluso no quería acabar nunca ese concierto, pues con él terminaba la etapa de "Grasa Tour", y que, al menos, pudo cerrar la gira estanto absolutamente, y nunca mejor dicho, en su salsa. Tras hacer un guiño a su siempre presente país interpretando "Buenos Aires", quiso volver a reivindicar el amor como uno de sus principales motores versionando el himno de Camilo Sesto, "Vivir así es morir de amor", para finalmente terminar el "show" con "Remedio".

Fue, más que un broche de oro, uno hecho con puro veneno. Uno no tan mortífero como más bien adictivo, hecho de absoluta intensidad, teatralidad, energía y virtuosismo vocal. Un veneno que la artista, merecedora de todo alago que contribuya a alimentar su poderío y su "self confidence", inyectó en Madrid de tal manera que ahora la ciudad vive rodeada de Malportados, con muchas, muchas ganas de pisar fuerte.




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