Castilla y León atraviesa semanas marcadas por tormentas encadenadas, fuertes rachas de viento e inundaciones que han dejado tras de sí un balance preocupante de daños materiales y pérdidas económicas. No se trata de un episodio aislado, sino de un mes completo de adversidades que han afectado a edificios públicos, centros educativos, explotaciones agrarias y barrios enteros. La magnitud de los destrozos obliga a ir más allá de las respuestas puntuales y a plantear la necesidad de un auténtico Plan de Emergencia para la Comunidad. Los efectos del temporal han sido transversales. Desde el pequeño edificio municipal de usos sociales con la cubierta dañada hasta colegios con filtraciones que interrumpen la actividad lectiva, pasando por campos anegados y negocios que...
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