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¡Nos vemos en los tribunales!

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Cantará siempre el maestro Sabina (porque Sabina será eterno) que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver. No sabemos si será porque el presidente del gobierno es más de escuchar a Rosalía o a Destroyer, pero lo cierto es que ha decidido no seguir el consejo. Pedro Sánchez ha vuelto a la India, donde en octubre de 2024 quedó maravillado después de que Narendra Modi le paseara en un vehículo alicatado de flores por unas calles jalonadas de carteles omnipresentes con su careto deslumbrante.

Es lo más cerca que ha estado Sánchez de sentirse como Jerjes I, el rey persa que ordenó propinar 300 latigazos al mar por desbaratar con una tormenta el puente que había dispuesto sobre los Dardanelos. De momento, lo más que hace Sánchez cuando siente frustración por las tormentas demoscópicas es ordenar a Tezanos que le saque guapo en el CIS. Normal que haya tratado de reavivar aquellas sensaciones de grandeza, aunque en realidad los carteles callejeros de Modi tengan el mismo propósito prosaico que las campañas sanchistas contra tecnócratas y empresarios: desviar la atención de la miseria que se divisa dos calles más allá.

El caso es que el viaje internacional del presidente dejaba a María Jesús Montero como guardesa del cortijo en un día especialmente complicado porque a Grande-Marlaska, toda una leyenda en la unidad de grandes quemados, le ha sorprendido un nuevo incendio. El ministro del Interior tiene más vidas que el gato Isidoro y siempre podrá decir que sobrevivió al caso Pegasus, la muerte de inmigrantes en la valla de Melilla, el asesinato de guardias civiles en Barbate, la cacicada contra Pérez de los Cobos y un siniestro etcétera.

Sin embargo, le faltaba que el DAO, su DAO, el jefe operativo de la Policía que él mismo nombró y al que retrasó la jubilación aprovechando el decreto de la DANA fuese acusado de violar a una subordinada en su piso oficial. Eso son palabras mayores incluso para el ignífugo Marlaska, que consideró oportuno pararse a dar explicaciones en los pasillos del Congreso. Bien sabe el humilde plumilla parlamentario que esos pasillos tienen un efecto vivificador sobre los diputados en días de polémica.

Es ver los micrófonos y a todos les posee el espíritu de María Pérez o Paquillo Fernández, marchadores a los que la búsqueda del récord olímpico impide detenerse ante la prensa. Marlaska, en cambio, clavó los cuartos traseros y decidió refutar la gran sospecha que se cierne sobre su figura: negó haber ocultado la querella hasta que se hizo pública. Arrancaba así una sesión de Primperan y amenazas judiciales.

En ausencia de Sánchez y Feijóo, Esther Muñoz miró a María Jesús Montero y desechó con resignación la pregunta prevista sobre la situación económica. La portavoz popular se quejó de que los escándalos del gobierno impidan preguntar por nada que no sean los escándalos y procedió a meter el bisturí en las oscuras entrañas del caso DAO. Fue entonces cuando la vicepresidenta primera nos recordó que siempre será de la vieja escuela.

A ella no le vengas con inventos de TikTok para recomendar libros que no haya leído. Marisú puso cara de Clint Eastwood y cargó el fusil con lo único que sabe y sabrá disparar: el “y tú más”. Cantaron Móstoles en la sala, por el caso de acoso sexual que ha salpicado al PP. Fue entonces cuando tomó la palabra Miguel Tellado, que sonó como un trueno. El gallego acusó a Marlaska de haber tapado una violación y de ser nauseabundo. Por cobrar, cobró hasta Francina Armengol por su discurso del día anterior tendenciosamente republicano, en el homenaje a la Constitución.

A la presidenta del Congreso el sopapo dialéctico le dejó cara de Dama de Elche y tuvo que ser la propia Montero la que saliera en su defensa, acusando a Tellado de cobardía por meterse con la que no puede contestar. Tellado replicó que cobardes son los que echan la culpa de sus derrotas electorales a un finado como Lambán. En ese ambiente áspero, llegaron las preguntas a Marlaska. En lo que escuchaba al PP acusarle nuevamente de haber ocultado la presunta violación del DAO, el ministro puso la boca redondita y se pasó el dedo como un limpiaparabrisas.

Los exégetas parlamentarios corrieron a interpretar el gesto: ¿un tic? ¿una maquiavélica peineta? No hubo tiempo de llegar a una conclusión porque Marlaska se calentó y soltó la gran amenaza: quien se atreva a decir fuera del Congreso que ocultó una violación acabará ante la justicia. Óscar Puente también secundó la amenaza: “¡Nos vemos en los tribunales!”. Cuando se enfrentan el Real Madrid y el Milan, sabes que sobre el césped hay 22 copas de Europa.

Cuando Marlaska y Puente unen fuerzas, en el hemiciclo lucen 10 reprobaciones. Resistir, resistir y resistir. Populares y socialistas se retaron en un largo cruce de aplausos y gritos de dimisión. Iván Redondo ha pronosticado que despertando de su letargo a un millón de abstencionistas Sánchez será capaz de volver a julio de 2023. El lugar donde Pedro fue feliz, pero donde España no debiera tratar de volver.

Sergio Barbosa




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