Viejas guerras
Este es un tiempo de otras viejas formas de guerra, donde la crueldad se da a vista e indiferencia de la comunidad global. Aún está el horror del genocidio en
Gaza porque a pesar de un anunciado, pero no efectivo cese al fuego, cada día mueren niños por nuevos atasques de Israel sospechosamente justificados, o por la explosión de minas, o por el frío debido a la nieve que ha inundado numerosos refugios, la falta de calefacción, la insuficiencia de abrigo, según los reportes de la prensa extranjera. Matar de hambre o frío siempre han sido armas efectivas contra la población civil. Aparentemente no hay una mano asesina que dispara, es como un juego del destino, pero elimina de forma eficaz y con un número considerable de víctimas.
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Bloquear a un país entero, sin permitir el ingreso de combustible, medicamentos, es la forma elegida por el presidente estadounidense y el sistema al que él representa, para descartar al gobierno cubano, aún a costa de crear una crisis humanitaria por la escasez de alimentos, la falta de servicios, o desmoronarla por agobio o desesperación. México que envío ayuda humanitaria al menos no tendrá el cargo de conciencia de haber presenciado impasible, el sufrimiento de un pueblo en tiempos en los que la humanidad presume de tanto avance tecnológico, de tanta inteligencia artificial.
Otro avance de la furia del poder se da al interior del propio Estados Unidos, donde la saña contra los inmigrantes no tiene tregua, y donde el asedio y persecución parecen métodos copiados de la Inquisición. Se trata de verdaderas cacerías, una mujer que fue perseguida por un auto del ICE hasta acorralarla y obligarla a chocar contra un poste, bajarla y esposarla. Miles de inmigrantes que no van al trabajo, no salen de sus casas para no ser “cazados” y llevados esposados a un centro de detención del ICE antes de ser deportados. Atemorizar a la población hasta obligarla a auto deportarse siempre son medidas deshumanizantes, carentes de solidaridad, de un mínimo de racionalidad. Aunque, debemos reconocer como una muestra de esperanza el que en medio del terror sembrado en las comunidades de inmigrantes, se hayan conformado centros de acogida, donde se inventan métodos contra la cacería, como los profesores que esperan en las puertas de las escuelas para recibir a los hijos de migrantes, así sus padres no necesitan detener el coche y ser pasibles de detención o al menos de interrogatorios y los estudiantes puedan continuar asistiendo a las escuelas.
Hay muchas formas de hacer sentir miedo, de crear pánico en la población civil, hay muchas formas de exterminar gente, de librarse de indeseables para el sistema que impera. De todas maneras, también podemos estar seguros que todo poder llega a su fin. Lo lamentable es el reguero de sangre, desdicha, crueldad que deja en su intento por mantenerse por los siglos de los siglos, NO AMEN.
(*) Lucía Sauma es periodista
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