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La psicología dice que las personas que aprendieron más por ser curiosos que por ir al colegio comparten estos 8 rasgos de la personalidad

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A nuestro alrededor tenemos ejemplos de personas con grandes conocimientos que nunca pisaron la universidad o no completaron sus estudios. Algunos apenas cuentan con el graduado escolar y hay incluso quienes ni siquiera lo terminaron. Ser un mal estudiante no es una condena de por vida. Del mismo modo, triunfar en el colegio cuando se es niño no garantiza el éxito profesional después.

Hay grandes mentes que odiaban ir al colegio. También hay quienes acumulan másteres y doctorados y, aun así, no destacan precisamente por su inteligencia.

“El rendimiento es insatisfactorio. No asimila bien. Insiste en hacer las cosas a su manera. Quiere ser científico, pero en estas circunstancias es ridículo”. Ese fue lo que le dijo un profesor a John Gurdon quien, medio siglo después, ganó el Premio Nobel de Medicina.

Y no es el único. Albert Einstein fue considerado lento por algunos de sus profesores; Stephen Hawking confesaba aburrirse en la universidad; Charles Darwin era visto como un alumno mediocre; Winston Churchill fue tachado de problemático; y Thomas Edison fue considerado “confuso”.

¿Qué explica este abismo entre ser "un alumno más" y tener un éxito extraordinario?

Según investigaciones en psicología cognitiva, quienes aprenden movidos por la curiosidad desarrollan lo que los expertos llaman “experiencia adaptativa”. Es decir, una manera flexible y creativa de enfrentarse a los problemas.

En cambio, la educación formal tiende a formar lo que algunos investigadores denominan “expertos rutinarios”. Son personas muy competentes dentro de parámetros definidos, pero menos preparados ante la incertidumbre o los imprevistos.

La diferencia no está en la inteligencia, sino en el tipo de entrenamiento mental.

Los 8 rasgos que distinguen a quienes aprendieron desde la curiosidad

1. No rechazan la confusión

Mientras la educación tradicional intenta evitar la incomodidad cognitiva, los autodidactas viven en ella. La psicología lo denomina “dificultad deseable”. El esfuerzo fortalece las conexiones neuronales y genera comprensión profunda.

2. Ven patrones, no solo procedimientos

Donde el aula enseña pasos, el curioso busca conexiones. Relaciona disciplinas, mezcla conceptos y detecta similitudes invisibles para otros.

3. Tienen alta tolerancia a lo ambiguo

La vida real no ofrece respuestas tipo test. Las personas que aprendieron fuera de esquemas rígidos suelen sentirse más cómodas en entornos inciertos, una habilidad clave para la creatividad.

4. Cuestionan todo, incluso a sí mismos

Sin una autoridad constante que valide sus respuestas, desarrollan pensamiento crítico y autocrítica. No aceptan una idea sin examinarla.

5. Aprenden al revés: del problema a la teoría

En lugar de memorizar primero y aplicar después, parten de un reto concreto y buscan la información necesaria para resolverlo. El aprendizaje es inmediato y significativo.

6. Ven el fracaso como datos

Sin notas ni juicios formales, el error se convierte en información. Esta mentalidad favorece la resiliencia y la mejora continua.

7. Construyen redes de conocimiento, no escaleras

El aprendizaje no es lineal. Combinan saberes de distintos campos y crean conexiones inesperadas que pueden generar innovación.

8. Buscan comprensión, no rendimiento

No estudian para aprobar, sino para entender. Esta diferencia cambia por completo la profundidad con la que se procesa la información.

¿Significa esto que ir al colegio no sirve?

No necesariamente. Expertos en educación recuerdan que el sistema escolar también aporta disciplina, hábitos de trabajo y socialización. El problema surge cuando la rigidez del modelo no deja espacio a formas de aprendizaje distintas.

La clave, según diversos psicólogos, no está en elegir entre escuela o curiosidad, sino en integrar ambas. La educación formal puede ofrecer estructura; la curiosidad aporta profundidad y creatividad.

Fracasar en el colegio no equivale a fracasar en la vida. Y, sobre todo, aprender no siempre significa sentarse en un aula.




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