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El «encaje de bolillos» de Illa para atar los Presupuestos

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Contra todo pronóstico, Salvador Illa, el presidente de la Generalitat de Cataluña, parece que va a conseguir su primera meta volante: aprobar los presupuestos generales del Gobierno catalán. Volvió a la Presidencia después de un mes convaleciente por una osteomielitis púbica, una enfermedad muy poco frecuente. No parece que Illa estuviera ausente de la política catalana. «No estaba, pero nunca se fue», dicen en su entorno.

Esta semana ha sido frenética. El lunes hizo, a las 8 de la mañana, una declaración institucional en la Sala Gótica del Palau de la Generalitat. En un entorno solemne, lanzó dos mensajes: «Sé lo que Cataluña necesita. Sé lo que los catalanes y catalanas reclaman. Sé lo que hay que hacer». Enfundado en su traje de faena dio su receta: «El Govern está plenamente dedicado a preparar mejor el país, a reforzar todos los servicios y todas las infraestructuras necesarias, a dedicar todos los recursos que sean necesarios». Es decir, más dinero, más atención y gestión y, sobre todo, determinación. Dos horas más tarde firmó, con la Conferencia Episcopal tarraconense, un acuerdo de cesión de patrimonio inmobiliario para vivienda social.

La oposición salió en tromba contra Illa. No hubo «fair play» tras su enfermedad. Le criticaron con saña el papel de su Gobierno en la crisis de Rodalies y los temporales. Exigieron dimisiones y moción de confianza. El presidente respondió en dos entrevistas, en TV3 y 2CAT, dejando clara su posición: «Ni moción de confianza, ni crisis de gobierno». En el Govern había malestar con Junts, y también con ERC, por sus críticas: «Es como si ellos nunca hubieran estado en el Govern. Nosotros llevamos un año, asumimos nuestra responsabilidad porque es hora de dar soluciones. ¿Ellos que hicieron durante años? Nada. Mucho ruido y pocas nueces».

El jueves a primera hora, desde el Govern se anunciaba un acuerdo con los Comunes en materia presupuestaria. El martes, la portavoz de los Comunes exigía voluntad política. Así, en solo 48 horas desapareció el problema y se alcanzaba un acuerdo que «pone el acento en políticas valientes de vivienda y la mejora de los servicios públicos esenciales del Estado del Bienestar», decían en el Govern en un documento en el que se pormenorizaban las inversiones en el territorio en actuaciones concretas en educación, salud, cultura y vivienda. La guinda del acuerdo, limitar por ley la compra especulativa de vivienda.

Illa, dispuesto a hacer «política con mayúsculas», como apuntan en su entorno, seguía apretando el acelerador. Para aprobar los presupuestos, sus primeras cuentas, el apoyo de los Comunes era necesario, pero insuficiente. Illa necesitaba a ERC. Y consiguió la cuadratura del círculo. El elemento que faltaba para que Oriol Junqueras facilitara el inicio de las conversaciones con ERC sería un acuerdo para la constitución de un consorcio de inversiones, un instrumento institucional compuesto por las dos administraciones y que permitiría que Cataluña tome el control de las inversiones del Estado.

El consorcio de inversiones es importante para PSC y ERC. Las últimas crisis han puesto en evidencia el déficit inversor del Estado –Foment del Treball lo cifra en 42.000 millones desde 2009–, sin que la Generalitat pueda hacer nada. Este consorcio debe servir para evitar el déficit de ejecución que arrastra Cataluña, controlando las inversiones fijadas en los Presupuestos del Estado y ofrecer una salida mediante encomiendas de gestión que ya se utilizan en otro tipo de obras.

Este consorcio sería paritario entre el Gobierno y de la Generalitat, con participación del Ministerio de Hacienda y de Transportes, y de la consejería de Territorio, puesto que la mayoría de las ejecuciones de inversión corresponden a Infraestructuras.

Aun así, faltaría un detalle no menor. ERC reclama desde hace tiempo un compromiso explícito del PSOE a favor de la recaudación del IRPF, vinculada a la reforma de la financiación autonómica, un gesto que hizo el viernes el presidente catalán. Acto seguido, Oriol Junqueras oficializó la apertura de negociaciones.

Algo se mascaba en el ambiente en estas últimas semanas cuando ERC retiró del Congreso de los Diputados su iniciativa a favor de la recaudación del IRPF.

Todavía no hay un acuerdo definitivo, pero Illa ha hecho «mans i manigues» (encaje de bolillos) para lograr cerrar un acuerdo presupuestario y afrontar una política expansiva en un momento de recuperación económica. La creación de empresas se disparó un 32% en diciembre en Cataluña y marca un nuevo récord, cerrando diciembre con 2.237 nuevas sociedades y encadenando ocho meses seguidos de crecimiento interanual, algo que no ocurría desde los años convulsos del «procés».

También, la Generalitat vuelve al mercado para financiar deuda a largo plazo, 300 millones, después de 14 años en el dique seco.

La semana de la vuelta de Illa ha sido diabólica, pero parece que ha conseguido encontrar una vía de salida al intrincado laberinto de la política catalana.




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