Cuando un perro de rescate localiza a una persona , se sienta a su lado -o lo más cerca posible de ella que pueda- y ladra hasta que llegue su guía. Este código básico del «binomio» de can y humano se repite en toda clase de misiones de salvamento: en edificios dañados, tras explosiones, las de laderas cubiertas por aludes y otras emergencias. En el accidente de Adamuz (Córdoba), la Unidad Canina de Salvamento de Burgos —la más veterana de Castilla y León en esta materia—, no intervino, pero estaban «prevenidos» para hacerlo en caso necesario, cuenta su presidente, Álvaro Martínez. Sí se movilizaron a tierras valencianas tras la dana, con cámaras térmicas y equipos de apoyo, donde la situación fue «terrible» y «el poder de destrucción superó todo lo que habíamos visto», admite. Sin embargo, las personas mayores que «se desorientan» son una de sus búsquedas más recurrentes: «El 90 por ciento del trabajo de los perros de rescate es búsqueda de ancianos desaparecidos », apunta Martínez. «Es muy importante porque se trata de un tipo de desapariciones en las que a menudo no se sabe hacia dónde ha ido la persona», marca. «No es fácil» porque, a razón de entre 2,5 y 3 kilómetros y medio por hora —que es la velocidad a la que calculan que puede moverse alguien de edad avanzada—, supone rastrear «unos 177 kilómetros cuadrados en tres horas». Por eso, el presidente de la unidad recuerda que el tiempo se vuelve clave y que no hay que esperar para denunciar la desaparición de nadie, «como se hace en las series estadounidenses». Achaca la prudencia a la hora de avisar a emergencias a esta referencia y apunta que «hay que desmitificar y olvidarse de eso de las 24 horas». «Llamar permite valorar y activar recursos», puntualiza. Con la alerta hecha, se pasa a «perfilar» al desaparecido: la edad, el contexto, si la persona se ha ido otras veces por voluntad propia o si existe una investigación judicial en curso marcarán qué y cómo se moviliza, pero la información es crucial para que los recursos «vayan coordinados». El suyo, al fin y al cabo, es un caso de colaboración constante con otros medios y con las Fuerzas y Cuerpos de seguridad. La Unidad Canina de Salvamento de Burgos del GREM (Grupo de Rescate y Espeleológico de Montaña) nació hace casi treinta años gracias a un grupo de voluntarios. Hoy cuenta con una veintena de ellos y «más o menos la mitad» de perros de rescate, cifra Martínez. Él mismo, sanitario de profesión, defiende que sus integrantes son policías o maestros, pero que el hecho de que sean voluntarios no les resta eficacia. «Muy comprometidos», la mayoría cuentan con «diez o quince años de experiencia» en adiestramiento y guía de canes, lo que les ha hecho expertos en la materia. «Por el hecho de ser voluntarios no dejamos de ser serios», apunta, para estimar que nueve de cada diez guías caninos de rescate en Europa lo encaran sin dedicarse profesionalmente a ello. De hecho, en este ámbito, la unidad burgalesa se posiciona como «referencia» a nivel nacional para la Real Sociedad Canina de España, que también reconoce a otros tres grupos de rescate caninos en España: uno en Toledo (La Pólvora Negra), Txakur-Bay en Vizcaya y el Grupo del Perro de Salvamento (GPS) de Navarra. A día de hoy, la unidad del GREM tiene acuerdos con el Ayuntamiento de Burgos, la Diputación provincial o la Junta de Castilla y León, y se activa a través de ellos o a petición del 1-1-2, si bien su actuación es muy variable. Además, con la administración autonómica también participan en programas de cooperación y desarrollo mediante los que instruyen a nuevos guías caninos para el salvamento en otros países, sobre todo en Latinoamérica. «Lo difícil de un perro de rescate es que antes de un año no lo tienes formado, sin 2.500 horas es técnicamente imposible, mientras que si lo adiestras para encontrar estupefacientes, en dos meses lo tienes», señala Martínez. La complejidad de esta 'especialidad' viene de la «variedad de escenarios» para la que hay que preparar al animal, persuadiéndole para que actúe de una determinada manera y a pesar de sus instintos. «Es difícil convencerle de que entre en un edificio y busque solo en un sótano en la oscuridad, o de que camine dos horas por la nieve y luego se ponga a trabajar», ejemplifica. Y sin embargo, el prodigioso olfato de esta especie -que respecto a los humanos tiene «un 40 por ciento del cerebro más dedicado al olor» -, se vuelve una herramienta excepcional, capaz de localizar una cucharada de azúcar en una piscina olímpica, según compara Martínez. «Hemos ayudado a detectar a personas hasta por su diabetes, el perro es capaz de diferenciar a personas blancas, negras o indias, sabe donde están las que están lesionadas o bajo los escombros», ejemplifica el veterano entrenador. El reto es que el animal sea capaz de comunicarlo, sobre todo ante situaciones imposibles de simular en un entrenamiento. El método fundamental de adiestramiento se plantea «en positivo, a través del juego», a base de canalizar su «instinto de caza» y mediante «condicionamiento clásico». Eso pasa por enseñarle a que si avanza «hay premio»: cuando se queda junto a la persona que ha localizado y ladra, su guía llega para felicitarle y darle su juguete . Y ahí entra su orientador para afinar el tiro, porque su capacidad para «localizar a cualquier persona tumbada y quieta» al aire libre implica que ellos repiten el procedimiento aunque esta se encuentre sólo echando una siesta sobre la hierba. Entre las técnicas de rastreo que se les inculcan, está lo que también se conoce por la voz inglesa de 'mantrailing'. «Se les da algo a oler y sólo siguen a esa persona», confirma el presidente de la unidad. Sin embargo, para ello sí que «se necesita trabajar en las primeras 72 horas, a partir de ahí es muy difícil porque el olor muere», apunta, ya que van guiándose por el efímero aroma de alguien en movimiento, en el que pueden interferir lluvias y otros elementos. En cualquier caso, una labor a menudo contrarreloj a la que los voluntarios regalan su tiempo. Martínez lo define como una «forma de vida». «La pasión por el trabajo con el perro y el querer ayudar nos animan a trabajar en esto», concluye.