Ortega y Gasset: "Toda palabra dice algo más de lo que debiera y también menos de lo que tendría expresar"
Si no fuera por las palabras, gran parte del conocimiento humano se habría perdido. Su poder es tan grande que su reinado se mantiene, a pesar de las innovaciones tecnológicas. Sin embargo, existen momentos en los que ni las palabras son capaces de transmitir la totalidad de lo que sentimos o pensamos. Momentos en los que, como bien dice el refranero español, un gesto vale más que mil palabras.
Las palabras son capaces de mostrar al mundo nuestros más oscuros deseos. La elección de un término o de otro puede revelar la postura ideológica o los sentimientos que el emisor intenta ocultar. Pero si nos fijamos más allá, en sus gestos y expresiones, podremos ver todo aquello que no es visible a simple vista. Porque las palabras no siempre dicen todo lo que queremos, aunque siempre revelan más de lo que deseamos expresar.
Esta lección era bien conocida por el célebre filósofo español José Ortega y Gasset, conocido por obras aún estudiadas en las universidades como 'La rebelión de las masas' o 'La España invertebrada'. Su carácter inconformista hizo que basara su carrera en la búsqueda de la verdad, aún cuando había respuestas para aquello que se preguntaba. Por ello, sabía que en las palabras solo reside una parte de la verdad.
Una vida basada en la búsqueda insaciable de la verdad
Gracias a su inconformismo, Ortega y Gasset nunca se sintió satisfecho con la información de la época y siempre buscó innovar constantemente. Por ello, cuando pronunció su célebre frase: "Toda palabra dice algo más de lo que debiera y también menos de lo que tendría expresar", quería enseñar a las personas a no quedarse en lo obvio y superficial, a siempre ir más allá del mero significado de las palabras.
Este aprendizaje no solo le fue de gran utilidad para sus ensayos académicos, sino que también fue la base de sus escritos durante su faceta como columnista en diferentes periódicos españoles de la época como "El Imparcial", "Crisol", "Luz" y "El Sol". Medios en los que pudo compartir y debatir con sus intelectuales contemporáneos como Miguel de Unamuno, Ramiro de Maeztu o Gabriel Maura.
El principal objetivo de esta cita, así como de sus apariciones en los periódicos, era acercar la filosofía al pueblo, no solo para demostrar sus conocimientos e ideas, sino también para ayudar a las personas a generar un pensamiento crítico propio. Por ello, les instaba a buscar la intención oculta detrás de la elección de cada palabras, así como estar atentos a cualquier pista que el lenguaje corporal del emisor pudiera revelar.
Apostando por la claridad y simplicidad del lenguaje para acercar la filosofía al pueblo
Ortega y Gasset dejó claro su amor por el lenguaje desde sus inicios en el mundo académico. En 1902 se licenció en Filosofía y Letras, con el sueño de convertirse en novelista. Sin embargo, su vocación como sabio lo llevó a doctorarse en Filosofía en la Universidad Central de Madrid y a realizar dos cursos complementarios en Alemania. En este país, el joven aprendió la cultura germánica y se acercó a la corriente neokantiana.
Posteriormente, obtuvo una cátedra de Metafísica en la Universidad Central de Madrid, rama en la cual destacaría gracias al desarrollo de la "metafísica de la vida". Esta variante tan original respondía a la búsqueda de comprender el mundo y la existencia del ser humano dentro de él. No obstante, logró el reconocimiento internacional gracias a la publicación de su libro 'La rebelión de las masas' en 1929. Una obra en la que critica la pasividad y conformismo del hombre-masa.
En toda su carrera, siempre abogó por utilizar un lenguaje claro para el público general, debido a su interés por aumentar el conocimiento del pueblo. En su búsqueda por formar a las personas y huir del conformismo, Ortega y Gasset quiso evitar la jerga rimbombante que utilizaban sus compañeros, redactando obras complejas pero con términos asequibles.
