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Февраль
2026

El Rey Juan Carlos planea venir a partir de ahora cada mes a España

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Desclasificados los documentos secretos del 23F, se confirmó lo que se sabía: que el Rey Juan Carlos, principal arquitecto de la Transición, se mantuvo siempre de un mismo lado: con la Constitución y la democracia. Para sorpresa de nadie en su entorno. Como avanzó LA RAZÓN,, sus amigos descontaban que todo acabaría en nada... Y alertaban, también, de que la conspiración, si cabe, iría a más, porque se especularía con que en verdad no hubo desclasificación completa. Así ha ocurrido.

De todos modos, para el común de los mortales, la reafirmación de lo que la historia atestiguaba con declaraciones adicionales no hizo sino incrementar la épica de su actuación durante aquel golpe de Estado del 81.

Aquella frase, rotunda, dirigida a Milans del Bosch en una conversación telefónica en la madrugada de autos: «Juro que ni abdicaré ni abandonaré España. Quien se subleve está dispuesto a provocar una nueva guerra civil». Precedida de otras como: «Afirmo mi rotunda decisión de mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente. Después de este mensaje ya no puedo volverme atrás. Cualquier golpe de Estado no podrá escudarse en el Rey, es contra el Rey». O la indicación del secretario general de la Casa Real al golpista, Tejero: «Depón tu actitud inmediatamente».

Los nuevos elementos introducidos en el relato, por tanto, refuerzan todavía más el papel que desempeñó el Rey Juan Carlos en un momento concreto y crucial de nuestro pasado más reciente. En el día de ayer, fueron sus luces, y no sus sombras, las que coparon los titulares de prensa de casi todos los periódicos. Lo que llevó al jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, a reabrir el debate: si debe o no debe volver a residir en su país.

«La desclasificación de los documentos del 23F debe reconciliar a los españoles con quien paró el golpe de Estado. Creo que sería deseable que el Rey regresara a España», escribió en su cuenta de X. «Él mismo ha reconocido errores innegables en su trayectoria, pero quien contribuyó a sostener nuestra democracia y nuestras libertades en un momento clave debiera pasar la última etapa de su vida con dignidad y en su país».

En realidad, lo que hizo fue expresar en voz alta un pensamiento que tiene en mente desde hace mucho tiempo. El presidente popular es partidario de restituir la figura del Rey Juan Carlos, tan dañada por los escándalos que le llevaron a trasladar su residencia a Abu Dabi allá por 2020. Desde entonces, ha logrado normalizar sus visitas a España, que no han dejado de sucederse. Y así va a seguir siendo. Es más, distintas fuentes de su entorno aseguran a este diario que, en cuestión de semanas, seguramente para el día 12 de marzo, «estará en Sanxenxo navegando unos días». La idea es alojarse en casa de su amigo Pedro Campos.

La novedad, quizás, es que a partir de ahí «tiene pensado venir todos los meses». Pero el regreso nunca será definitivo. Porque la intención final, como él mismo se encargó de explicar en sus recientes memorias, «Reconciliación», editadas por Planeta, es alojarse en su «casa». Es decir, el Palacio de la Zarzuela.

«Espero, sobre todo, mientras viva, tener una jubilación tranquila, retomar una relación armoniosa con mi hijo y, sobre todo, regresar a España, a mi hogar», confiesa en una de las páginas. En otra: «No hay un solo día en que no me invada la nostalgia, es como si tuviera España bajo mi piel». Más adelante: «Estoy resignado, pero herido por un sentimiento de abandono. Echo tanto de menos a España». O: «Ahora, más que nada, deseo volver a casa, a España… y espero ser enterrado allí con honores».

De momento, no se cumplirán sus deseos. «No se dan las circunstancias», insisten en su entorno. A lo que cabe el interrogante de cuáles son las circunstancias idóneas. «Hay que resolver muchas cosas... El Gobierno tiene que dar un paso. En la Casa Real, nadie es autónomo». La tesis de las fuentes consultadas por este diario es que, hoy por hoy, hay reservas por parte de la Moncloa para un regreso a una residencia oficial que pertenece al Estado, a Patrimonio Nacional.

Suscitaría innumerables críticas por parte de muchos actores políticos, incluso de algunos miembros del Consejo de Ministros. Y el Rey quiere una vuelta por aclamación. O por consenso. Y eso, no va a ocurrir. Lo que sí dejan entrever las personas de su entorno, en resumen, es que hace falta un cambio político para que el contexto sea favorable. Mientras tanto, no hay nada que hacer. «Para que vuelva a vivir en España, a su casa, la Zarzuela, el Gobierno tiene que tomar decisiones». Y, añaden, nadie ha movido un dedo.

Ayer fue Félix Bolaños, «triministro», el que se encargó de situar la pelota en el tejado de la Casa Real. «El Gobierno no ha impedido nunca su entrada en España por lo que la decisión de su vuelta depende exclusivamente de él y de la Casa Real». En ningún caso, añadió, «le compete ni al Gobierno ni mucho menos al jefe de la oposición». Por su parte, la Casa Real mandó el balón hasta Abu Dabi. «La decisión de volver a España es del Rey Juan Carlos».

Desde que Pedro Sánchez anunció la revelación de los papeles del 23F, el nombre del Rey Juan Carlos no ha dejado de estar en boga. Antes del día D, algunos especularon con que se trataba de una maniobra para desacreditar su figura y, de paso, proponer un cambio de régimen. Otros hablaron de cortina de humo. Otros, celebraron la decisión con el aviso de que no alteraría un ápice la versión existente.

Otros, aprovecharon para elogiar el comportamiento del Rey Juan Carlos en el golpe. Fue el caso de Felipe González, que en un discurso ante el actual jefe del Estado, proclamó: «No digo que fue ejemplar, fue algo más decisiva. En ningún momento de ese intento de golpe de Estado, España se quedó sin las libertades garantizadas en la Constitución».

Días más tarde, desvelado el (no) misterio, otro socialista, en activo, Emiliano García-Page, ahondó: «Ha muerto Tejero y al mismo tiempo han muerto las teorías de la conspiración contra el Rey Juan Carlos. Es una buena coincidencia. Cuando haya que hablar bien del Rey, en buena medida, habrá que hacerlo por nosotros mismos, por sentirnos orgullosos de una etapa en la que prácticamente todo el mundo estuvo a la altura de las circunstancias».

Al razonamiento de Feijóo se han sumado otros dirigentes de su partido. Caso de Juanma Moreno. «Debería volver». Sobre todo, después de «corroborar y confirmar» que tuvo «un papel destacadísimo en defensa de las libertades y de esa incipiente democracia» que se estaba construyendo. Pero, lo más importante, por una cuestión de «humanidad». Y es que, opinó, merece pasar el «ocaso» de su vida en su casa, con su familia.

La última vez que estuvo en España fue en noviembre del pasado año, con motivo de los 50 años de su proclamación. En un almuerzo privado en el Pardo. Ahora, retoma su rutina y piensa venir con más frecuencia. Pero mantendrá la residencia en Abu Dabi. En el fondo, la única preocupación, suya y de otros tantos, como Feijóo, es un último suspiro... lejos de España.




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