Un real decreto del Gobierno ha decidido prohibir los espectáculos que llaman de los enanos toreros porque, al parecer, denigran a la persona que actúa. Gobernar, a veces, consiste en no querer saber. A los diez minutos de charla con un enano torero se comprende que, de sus dos denominaciones, la segunda anula a la primera. El hecho de ser toreros los engrandece tanto que, delante del toro, por arte de birlibirloque, son grandes. Ese engrandecimiento se desconoce en el Gobierno, que no entiende el desarrollo personal si no es gracias a su gracia y prefiere a los toreros con acondroplasia convertidos en enanos humillados, cobrando una paga del Estado. Buscan que sigan siendo discapacitados sociales, como los cientos de...
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