Las ruidosas facturas que deja el presidente
En su larga despedida como cabeza del Ejecutivo, el presidente Rodrigo Chaves ha redoblado la velocidad y el estruendo de lo que mejor sabe hacer: torpedear la posibilidad de discusiones serias sobre temas de trascendencia nacional.
Su innato impulso de utilizar insultos, desdén, suspicacias, ridículo o etiquetas para desautorizar las ideas discrepantes, las críticas fundadas y las personas que las plantean, ha marcado estos cuatro años. Y no hay pausa, sino aceleración. Me temo que será la tónica en las semanas que quedan hasta el 8 de mayo. Tres ejemplos del miércoles lo ilustran.
Al insistir en su anunciado veto a la ley de ejecución de la pena, omite explicar las razones sustantivas. Si lo hiciera, podría convencer a algunos o muchos, al menos en parte. Al contrario, él y sus escuderos han preferido los epítetos (“mamarracho”) y deslegitimaciones (“alcahuetería”), petardos emotivos que no impulsan soluciones. Solo crean barreras.
La acelerada devaluación del colón ha hecho sonar alarmas en diversos sectores productivos, en particular los de base local, cada vez más golpeados, que representan alrededor del 85% del empleo. Las razones del fenómeno son múltiples y complejas. Por esto, precisamente, es necesario impulsar o, al menos, aceptar una discusión técnica robusta sobre qué hacer, cómo y cuándo. Debería tocar, incluso, nuestro modelo económico. ¿La respuesta del presidente? “Acostúmbrense”.
¿Sobre el aumento discrecional en la deuda pública, que de nuevo obligará a frenar gastos, inversiones y salarios estatales? “A mí no me avergüenza”, seguido de descalificaciones a quienes han lamentado los recortes en educación y apoyo social.
Nada de lo anterior propicia el abordaje serio de esos y otros temas, que depende de reconocer la legitimidad de quienes plantean opciones distintas, abrirse a escuchar y favorecer un clima político abierto, el único conducente a soluciones y transformaciones nacionales.
Más que lamentable, su actitud es perjudicial para el país; incluso, para el próximo gobierno. Cada vez más, los desafíos se exacerban, y las oportunidades que podrían abrirse pasan y no se quedan. Será Laura Fernández, como presidenta, quien recibirá la factura que se está acumulando. Su pago, sin embargo, deberemos asumirlo todos los costarricenses.
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Eduardo Ulibarri es periodista y analista.
