¿Quién es el ayatolá Alí Jamenei, el líder supremo de Irán que habría muerto en ataque de Estados Unidos e Israel?
El ayatolá Alí Jamenei, quien habría muerto en el ataque desplegado este 28 de febrero por Estados Unidos e Israel, es el jefe de Estado de Irán y guía supremo de la República Islámica.
El ayatolá de 86 años ocupa su cargo desde 1989 y es el “hombre fuerte” de Irán.
Padre de seis hijos, Jamenei nació el 17 de julio de 1939 en la ciudad santa chiita de Machhad (noreste), en una familia de la minoría azerbaiyana.
El guía supremo fue un militante importante en la lucha contra el régimen imperial. Fue encarcelado brevemente en varias ocasiones en los años 1960 y 1970, antes de exiliarse a la provincia de Sistán y Baluchistán, al sureste del país, por haber intentado crear una organización nacional del clero iraní.
Su fidelidad al ayatolá Ruholá Jomeini, fundador de la República Islámica en 1979, fue recompensada con su nombramiento como viceministro de Defensa.
El imán Jomeini lo designó como su representante en el Consejo Superior de Defensa y le confió la tarea de la prédica del viernes en Teherán.
En junio de 1981 escapó a un atentado de los Muyaidines del Pueblo, aunque en el ataque perdió el uso de su brazo derecho.
Elegido presidente en 1981, para dos mandatos de cuatro años, reemplazó al ayatolá Jomeini al morir en junio de 1989 y se impuso progresivamente como el hombre más poderoso del país.
Defensor del rigor moral, que opone regularmente a la “decadencia” de Occidente, defiende con fervor el principio del Velayat e-Faqih -el gobierno de un jurista religioso- instaurado por Jomeini.
“El mundo islámico no necesita las recetas erróneas y a menudo falsas sobre los derechos humanos y el poder del pueblo”, dijo una vez.
Garante de la estabilidad del régimen, Jamenei dio la señal para una ofensiva judicial contra la prensa liberal en 2000 calificando a ciertos periódicos de “bases del enemigo en el interior del país”.
En política interior, Jameni buscó conservar un equilibrio entre las corrientes reformistas y conservadoras, para impedir que tanto una como la otra se impusieran en la evolución de las cosas.
En política exterior mantuvo una línea dura con respecto a Israel, repitiendo, como su predecesor, que el Estado hebreo está “condenado a desaparecer del mapa”.
Frente a Estados Unidos mantuvo sus ataques verbales contra el “yugo estadounidense”, pero mostró también pragmatismo cuando le convenía directamente a Irán, contribuyendo por ejemplo en la lucha contra el régimen de los talibanes en Afganistán.
