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Mojtaba Jamenei, la opción continuista de un régimen descabezado

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Su paradero es un misterio desde que una operación israelí acabara con la vida el pasado 28 de febrero de su padre y líder supremo de Irán durante más de 36 años, el ayatolá Ali Jamenei, en sus oficinas de Teherán, en una operación que costó la vida a varios altos mandos de la Guardia Revolucionaria, las fuerzas armadas y el Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraníes, además de a su esposa e hija. Otros hombres, como el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Ali Larijani, o el presidente Masud Pezeshkian tratan de ocupar el vacío de poder creado para liderar la fase, sin duda, más crítica en la historia de la República Islámica.

Con todo, las decisiones de los sectores más inmovilistas y reaccionarios del régimen iraní tendrán que pasar la prueba de la realidad cuando la superioridad militar de los aliados frente a las fuerzas del régimen es cada vez mayor. No cabe duda de que los planes del presidente estadounidense, Donald Trump, para el futuro de Irán -una vez parece descartada la opción del hijo del último sha, Reza Pahlavi- pasan por elegir una figura de su entero gusto. "Están perdiendo el tiempo. El hijo de Jamenei es un peso ligero. Tengo que estar involucrado directamente en la elección del nuevo líder de Irán como ocurrió en Venezuela", zanjaba esta tarde el mandatario estadounidense en declaraciones al digital Axios.

A pesar de esas palabras, la sucesión que se dirime en Teherán sigue girando, precisamente, en torno al hijo del líder supremo. Todas las miradas se centran en Mojtaba Jamenei, de 56 años, a quien los expertos sitúan como el hombre mejor colocado para suceder a su padre en la cúspide del sistema político nacido hace más de 47 años. Con arreglo a la doctrina del Velayat-e Faqih (‘Gobierno del Jurista’), el líder supremo es el representante de Dios en la Tierra y el líder espiritual de la Revolución de 1979. Políticamente, su figura tiene la última palabra en los asuntos de Estado, incluida la política exterior o el programa nuclear, a pesar de convivir con un presidente de la República.

Con todo, a diferencia de su padre, Mojtaba Jamenei no es un gran ayatolá -sino un rango medio en la jerarquía del islam chií, un hojjatoleslam-, como exige de manera ideal la Constitución iraní para la responsabilidad de líder supremo. Tampoco ha desempeñado nunca ningún puesto de responsabilidad en el escalafón de la teocracia iraní y rara vez se le ha visto dando discursos en público. Sin embargo, durante mucho tiempo Mojtaba Jamenei ha sido considerado uno de los favoritos para el puesto de próximo líder supremo del país al haber sido capaz de forjar estrechos vínculos tanto con la élite de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria como con el estamento clerical, lo que no ha impedido que mantuviera durante años un perfil bajo.

El hijo de Ali Jamenei nació en 1969 en la ciudad de Mashhad y creció mientras su padre lideraba la oposición al derrocado sha. Fue soldado en la guerra entre Irán e Irak con el Batallón Habib ibn Mazahir, una división de la Guardia Revolucionaria paramilitar iraní, y estudió con conservadores religiosos en los seminarios de Qom, centro del saber teológico chií de Irán.

Una figura opuesta al reformismo

Su privilegiada posición en el régimen le permitió tener acceso a miles de millones de dólares y activos comerciales repartidos en las numerosas fundaciones financiadas por industrias estatales y otras riquezas que alguna vez estuvieron en manos del shah. Mojtaba estuvo además casado con Zahra Haddad-Adel, hija de Gholam-Ali Haddad-Adel -un influyente político conservador y expresidente del Parlamento iraní-, con quien contrajo matrimonio en 2004. Se cree que uno de sus hijos perdió también la vida en el bombardeo israelí del pasado 28 de febrero en Teherán.

Mojtaba Jamenei está considerado, por tanto, una figura del búnker opuesta a los sectores reformistas del régimen, lo que confirma que, lejos de optar por una figura de corte aperturista, la cúpula del sistema opta, en plena lucha por su supervivencia, por el repliegue. De ser elegido y sobrevivir el régimen, el primogénito de Alí Jamenei tendrá que afrontar como máximo responsable político de Irán la reconstrucción física y moral de un país tras la guerra y ofrecer soluciones a una dramática situación económica que la guerra agravará, en medio además de un ambiente de rechazo creciente al régimen que quedó más que patente durante las protestas del pasado mes de enero (cuya represión, como en otros episodios anteriores, el hijo de Jamenei respaldó). Se hará cargo, además de unas fuerzas armadas en guerra -y muy diezmadas-, un ‘eje de la resistencia’ regional no menos menguado y una reserva de uranio altamente enriquecido.

La entidad encargada de la decisión -que se espera inminente- será, en última instancia, la Asamblea de Expertos, un cuerpo deliberativo constituido por 88 clérigos islámicos de alto rango -son elegidos por sufragio directo cada ocho años después de que sus candidaturas sean aprobadas previamente por el Consejo de Guardianes, filtro que asegura que solo figuras leales al sistema puedan postularse-, aunque la presión de la Guardia Revolucionaria para la elección de un candidato a su gusto es máxima. De manera previsible, la reaparición pública del hijo mayor del imán Jamenei se producirá en el próximo funeral por su padre, aunque hasta ahora ha evitado mostrarse ante las cámaras ante el temor por su vida en la fase aguda de la contienda.




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