Crítica de "El último vikingo": ABBA y Mads Mikkelsen pueden con lo que le echen ★★★ 1/2
Sí, Anker es un tipo duro, pero mucho, recuerda a aquellos gánsteres estadounidenses del cine realizado en los años 30, 40, 50, sin pasado y con apenas presente, fríos como el pedernal, graníticos, un poco cara de palo, lo que el rictus característico del actor que lo encarna, Nikolaj Lie Kaas, no hace sino subrayar. Tras cumplir quince años por un robo millonario, Anker consigue salir de la cárcel con un único objetivo claro: recuperar el dinero del atraco, que escondió su hermano Manfred (un excelente Mads Mikkelsen) en el bosque cercano a la casa familiar donde ambos se criaron.
Y que tan infaustos recuerdos les traen por un padre alcohólico (aunque en realidad todos beben en la película que da gusto) y maltratador que un día terminó esfumándose. El problema radica en que Manfred padece un grave trastorno de identidad disociativo, y, si bien de joven creía que era un vikingo al que los niños de clase golpeaban mientras lo insultaban, desde hace unos años él «es» John Lennon y solo quiere tocar la guitarra y no decirle a un desesperado Anker dónde están enterrados los billetes por miedo a que lo vuelva a abandonar.
Todo se complica con la presencia de un imponente matón que persigue al hierático Anker exigiéndole a patadas y cabezazos la pasta y un excéntrico matrimonio que parece estar peor de la cabeza que Manfred. Comedia negra negrísima, los Beatles y ABBA toman especial protagonismo en este filme que cuesta clasificar, un thriller en ocasiones absurdo pero rematadamente entretenido con frecuentes referencias a IKEA (aunque estos sean todos daneses de pura cepa y no se hagan el sueco) y un psiquiatra con unas ideas bastante marcianas sobre cómo conseguir que alguien deje atrás los traumas de la infancia. Incluso a la historia se acaban «incorporando» Ringo Starr, Paul McCartney y George Harrison, no les digo más. Un noir que, incluso, acaba riéndose del género mismo.
Lo mejor:
Un humor negro a veces absurdo y Mikkelsen, que vale para un roto y para un descosido
Lo peor:
Resulta comprensible que haya una parte del público al que le cueste entrar en la película
