Tuve la oportunidad y el placer de hacer mi primera visita al reabierto Camp Nou con motivo del partido de vuelta de la semifinal de Copa ante el Atlético y puedo decir que sentí orgullo de nuestro Barça. Tenía por delante la misión imposible de remontar un 4-0 y casi lo consiguió con un fútbol espectacular, un afán por competir que nunca fue a menos y un carácter que, cada vez lo tengo más claro, viene dado por una plantilla que tiene una base muy amplia y sólida de la gente de la casa. Calidad aparte, que la tienen a paladas, se nota ese plus que conlleva sentir el escudo como algo propio. Por eso, pese a ver al Barça quedarse en la orilla camino de la final con ese 3-0, tanto yo como mis amigos Ortolà y Tomás, que nos acercamos al Camp Nou para animar, disfrutamos de lo lindo con la respuesta del equipo. Ahora falta el tramo final de la temporada, con la Liga y la Champions League en juego, pero viendo cómo de enchufados están los futbolistas, si las lesiones nos respetan, podemos aspirar a todo como el que más y, de eso ya estoy seguro, nada que reprochar cuando ves a todos los jugadores dejándose la piel en cada jugada, en cada balón dividido, en cada carrera hacia atrás para frenar las contras del rival. Ya no hay tregua posible y cada partido será de máxima exigencia, empezando por el de Bilbao ante el Athletic y continuando con el del martes en Newcastle. Si nos acompaña ese punto de suerte que siempre es necesario en algún momento de dificultad podemos soñar con todo, porque de lo que no hay duda es que los jugadores del Barça quieren y pueden.
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