La gran caldera que empezó siendo el Etihad se fue apagando a medida que pasaban los minutos. Solo volvieron a despertar tras el gol de Haaland al filo del descanso.
Ese fue lo mejor que hizo el noruego, pero la eliminatoria también se explica con sus fallos. El noruego es un robot que solo cortocircuita ante el Real Madrid. No hay manera. Marcó un gol, pero perdonó cinco claras. El plan de Pep era crear superioridades por las bandas y los dos extremos lo hicieron a la maravilla, pero el ‘grandullón’ no tuvo el día y el catalán lo cambió en el 56. Tremendo.
Guardiola fue con todo al ataque. Todo el arsenal que tenía. Dejó cerrando a tres futbolistas y convirtió a Semenyo en carrilero diestro. Era ir a la desesperada a por el milagro. Se antojaba muy difícil, pero la grada seguía celebrando cada córner a favor o cualquier recuperación en campo blanco.
Los minutos pasaban y el Etihad iba perdiendo fuerza. Pero no había manera de cambiar una eliminatoria que estaba perdida. El Madrid mató en Madrid, pero el City perdonó en Manchester. A los blancos siempre les sale cara, de una manera u otra. Tras la ajustada posición de Vinicius en la jugada del penalti, se sumaron a la lista dos tantos anulados a los de Guardiola en el segundo tiempo. Incluso contra 10.
Los dos goles anulados a Semenyo y a Ait-Nouri fueron importantes, pero sobre todo los fallos del City. Ninguna expresión se repitió más en la grada que el «OH» de decepción. Los locales remataron más de 20 veces a portería, algunas en situaciones muy favorables, pero no había manera de que la pelota entrara. Y para colmo, Vinicius marcó el segundo en el añadido para dar la victoria al Madrid y callar los insultos de la grada.