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Ceuta y Melilla, en el punto de mira de Washington en favor de Marruecos

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Un exasesor del Pentágono ha pedido públicamente a Donald Trump que reconozca Ceuta y Melilla como «territorio marroquí ocupado» y que anime a Marruecos a lanzar una nueva Marcha Verde sobre las dos ciudades autónomas. El artículo, publicado el pasado domingo en el «American Enterprise Institute», uno de los centros de pensamiento neoconservadores más influyentes de Washington, no es ni mucho menos un brote aislado, al contrario, forma parte de una ofensiva intelectual contra España que se ha acelerado al ritmo de la peor crisis bilateral con Estados Unidos en décadas.

Michael Rubin, el autor, fue asesor civil del Pentágono con George W. Bush y lleva años cuestionando la soberanía española en el norte de África. Su propuesta va más lejos que cualquier texto previo de un analista estadounidense de primer nivel: «Trump y el secretario de Estado Marco Rubio deberían corregir otro error histórico y reconocer formalmente Ceuta y Melilla como territorio marroquí ocupado».

Tres días antes, otro analista del Middle East Forum, José Lev Álvarez Gómez, veterano del Ejército de EE UU y del IDF israelí, había publicado una pieza con un enfoque complementario planteando capitalizar en favor del país norteamericano el desequilibrio de poder que hay en el Estrecho de Gibraltar. Conviene no perder la perspectiva. Estos textos son opiniones de «think tanks», no posiciones oficiales del Gobierno estadounidense. Ningún funcionario en activo ha respaldado la idea. Pero el momento es lo que importa: llegan cuando las relaciones entre Madrid y Washington atraviesan su peor momento desde la retirada de Irak en el año 2004.

Todo empezó el 28 de febrero. EE UU e Israel lanzaron la Operación Epic Fury contra Irán, el mayor despliegue militar estadounidense en Oriente Próximo desde la invasión de Irak. España se negó a participar y cerró las bases militares de Rota y Morón a operaciones ofensivas.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, fue categórica: «No se ha prestado ningún tipo de asistencia, absolutamente ninguna, desde las bases de Rota y Morón». El Gobierno invocó el Convenio de Cooperación para la Defensa de 1988, cuyo artículo 24(1) garantiza la «plena soberanía y control de España sobre su territorio y espacio aéreo». La respuesta de Trump, el 3 de marzo, fue una bomba. «España ha sido terrible», dijo desde la Casa Blanca junto al canciller alemán Merz. «Le he dicho a Scott que corte todos los tratos con España. Vamos a cortar todo el comercio con España. No queremos nada con España». Añadió, sobre las bases: «Podríamos usar su base si quisiéramos... Podríamos simplemente aterrizar y usarla. Nadie nos va a decir que no la usemos».

Los datos de movimiento de aeronaves registraron la salida de al menos 15 aeronaves militares estadounidenses de Rota y Morón, incluyendo nueve aviones cisterna KC-135. Cuatro bombarderos B-2 Spirit cruzaron el espacio aéreo español durante su regreso a Missouri tras golpear Irán. El Gobierno mantuvo que el espacio aéreo permaneció abierto por obligaciones internacionales, pero negó el uso operativo de las bases. Una distinción que generó críticas de todas partes.

Lo que convierte las declaraciones de Rubin en algo más que una extravagancia editorial es el contexto de la relación entre Washington y Rabat. Trump reafirmó en agosto de 2025 el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. La Resolución 2797 del Consejo de Seguridad, de octubre de 2025 y promovida por EE UU, tomó por primera vez el Plan de autonomía marroquí como la base de las negociaciones sobre el Sáhara, sin mención al referéndum. Mohamed VI la calificó como una victoria. El embajador estadounidense en Rabat, Duke Buchan III (que fue embajador en España entre 2017 y 2021), ha descrito a Marruecos como «un pilar de estabilidad y un elemento esencial en la seguridad nacional de EE UU».

¿Y si se repite la jugada?

El precedente del Sáhara es lo que preocupa en Madrid. Trump reconoció la soberanía marroquí sobre ese territorio en diciembre de 2020 con un simple decreto, como moneda de cambio por la normalización de relaciones Marruecos-Israel. ¿Podría repetir la jugada con Ceuta y Melilla para castigar a España?

La posición histórica de Washington ha sido de neutralidad muy bien medida. Pero esa neutralidad tiene grietas. En 2002, durante la crisis de la isla de Perejil, el entonces ministro de Defensa Federico Trillo reveló que Estados Unidos ofreció a Marruecos las islas Chafarinas y el Peñón de Vélez de la Gomera (españoles) a cambio de su retirada.

¿Puede España defender sus ciudades? Sí. Al menos hoy. España mantiene guarniciones sustanciales en ambas plazas: el Tercio 2º de La Legión y el Grupo de Regulares nº 54 en Ceuta; el Tercio 1º de La Legión, el Grupo de Regulares nº 52 y el Regimiento de Caballería «Alcántara» nº 10 (con tanques Leopard 2) en Melilla. Unos 3.000 soldados por ciudad.

La capacidad de refuerzo es considerable. La Infantería de Marina (unos 6.000 efectivos), basada en San Fernando (Cádiz), dispone del buque de proyección estratégica Juan Carlos I y está recibiendo 34 nuevos vehículos de combate anfibio. La Armada opera cinco fragatas Aegis clase Álvaro de Bazán y el submarino S-81, plenamente operativo desde 2025. El Ala 11 en Morón despliega Eurofighter Typhoon, superiores a cualquier caza marroquí en servicio. La superioridad aérea y naval española es muy amplia. Pero en cuestión terrestre es más complejo, ya que Marruecos tiene una gran cantidad de carros de combate y un ejército algo más grande. Pero la brecha se cierra. El gasto militar marroquí como porcentaje del PIB cuadruplica el español histórico.

Ningún analista de seguridad serio contemplaría hoy por hoy una invasión militar marroquí de Ceuta o Melilla a corto plazo. España mantiene superioridad militar, las ciudades son territorio de la UE protegido por el Artículo 42(7), y la base jurídica de la soberanía española es sólida: precede en siglos a la existencia del Estado marroquí moderno. Ceuta es española desde el año 1415. Melilla, desde 1497.

El riesgo real es otro. Es la erosión lenta: el estrangulamiento comercial, la presión migratoria instrumentalizada, las campañas de influencia en Washington, la transformación demográfica y, ahora, la aparición de voces en «think tanks» estadounidenses dispuestas a convertir la soberanía sobre ambas ciudades en moneda de cambio diplomática.

El artículo de Rubin en el AEI no es política de Estado. Pero el precedente del Sáhara Occidental demuestra que las decisiones sobre soberanía territorial pueden tomarse en Washington con rapidez y sin consultas multilaterales. Lo que diferencia a Ceuta y Melilla del Sáhara es que ambas ciudades son territorio de la Unión Europea, con 170.000 ciudadanos europeos, protegidas por tratados que la ONU nunca ha cuestionado.

España ha elevado su presupuesto de defensa un 43% y reforzado las guarniciones con la operación Presencia Reforzada. Queda pendiente lo que los expertos consideran más urgente: activar la dimensión europea como garantía de seguridad y construir una narrativa internacional que presente a Ceuta y Melilla como lo que son.

No como «enclaves coloniales», que es la terminología que ya usan los «think tanks» alineados con Rabat, sino como ciudades democráticas europeas cuya soberanía precede en medio milenio al Estado que las reclama.




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