Coches, ventanas, latas … costarán más: la guerra de Irán encarece el aluminio
- Un metal presente en casi todo
- Precios al alza sin margen de previsión
- El cuello de botella del Golfo
- Un tercio del suministro español en riesgo
- Riesgo de desabastecimiento y retrasos
- El reciclaje, tabla de salvación
- Tormenta perfecta para la industria
La guerra en Irán ha tensionado la cadena global del aluminio hasta el punto de poner en jaque cerca de un tercio del suministro en España, lo que ya se traduce en un encarecimiento del metal y amenaza con trasladarse al bolsillo del consumidor.
Un metal presente en casi todo
El impacto no será puntual ni limitado a un sector. El aluminio está presente en prácticamente todos los ámbitos de la economía. “Lo difícil es saber en qué productos no interviene el aluminio”, explica Gonzalo de Olabarria, secretario general de la Asociación Española del Aluminio (AEA), a Confidencial Digital.
Desde la movilidad hasta la alimentación, el alcance es transversal. El transporte es uno de los sectores más expuestos: el aluminio es clave en la fabricación de coches —especialmente eléctricos—, en remolques, chasis y componentes estructurales. Pero a esto hay que sumar sectores estratégicos como las energías renovables, donde es imprescindible en paneles solares, aerogeneradores y sus estructuras.
También resulta fundamental en redes eléctricas, cableado y grandes infraestructuras energéticas, así como en la construcción. En este último ámbito, se utiliza en ventanas, recubrimientos de edificios o sistemas de protección solar. Y en el día a día, aparece en envases y embalajes, desde latas de bebidas hasta recipientes de comida o incluso detalles como el tapón de un perfume.
Precios al alza sin margen de previsión
El encarecimiento ya está en marcha, aunque es difícil anticipar su magnitud. El precio del aluminio se fija en los mercados internacionales, principalmente en el London Metal Exchange (LME), al que se añaden primas específicas por región.
“Ya hay un importante encarecimiento tanto de la cotización como de la prima para Europa”, señala De Olabarria. La incertidumbre es máxima porque el conflicto ha alterado no solo la producción, sino también la logística global.
El problema no es solo cuánto subirá el precio, sino la falta de visibilidad. La industria reconoce que no puede prever costes ni garantizar suministros a medio plazo, lo que complica contratos, producción y precios finales.
El cuello de botella del Golfo
El origen de la crisis está en el Golfo Pérsico, una región clave para el suministro mundial. Allí se concentra cerca del 8% de la producción global de aluminio, pero el conflicto ha paralizado operaciones y bloqueado rutas comerciales.
Las fábricas de la zona dependen del Estrecho de Ormuz, un paso estratégico por el que transitan tanto el aluminio como las materias primas necesarias para producirlo. “Ahora mismo no pueden sacar aluminio ni tampoco recibir la alúmina que necesitan”, advierte el representante de la AEA.
La situación se ha agravado con la paralización de grandes plantas como Qatalum, en Qatar, tras ataques a infraestructuras energéticas, y con la declaración de fuerza mayor en Aluminium Bahrain (ALBA). En conjunto, más de 2,3 millones de toneladas de capacidad productiva han quedado fuera del mercado.
Además, el colapso logístico en el Estrecho de Ormuz ha disparado costes de transporte, seguros y tiempos de tránsito, intensificando la presión sobre los precios.
Un tercio del suministro español en riesgo
España se encuentra en una posición especialmente vulnerable. Según datos del sector, el 22,9% de las importaciones de aluminio primario procede del Golfo Pérsico, una región ahora fuertemente afectada por el conflicto.
A esta situación se suma la restricción de importaciones desde Rusia, derivada de las sanciones europeas por la guerra en Ucrania. El resultado es que el 32,4% del suministro total de aluminio en España está actualmente prohibido o en riesgo extremo.
“Podemos tener casi un tercio del aluminio que necesitamos comprometido”, resume De Olabarria. Esto equivale a más de 218.000 toneladas de aluminio primario bajo amenaza directa.
El problema no es solo la escasez, sino la falta de alternativas inmediatas. Europa lleva años perdiendo capacidad productiva propia, lo que la ha convertido en un importador neto. En 2024, la Unión Europea importó 5,82 millones de toneladas de aluminio primario, frente a apenas 0,26 millones exportadas.
Riesgo de desabastecimiento y retrasos
El temor del sector no se limita al encarecimiento. La gran preocupación es que se produzcan retrasos en entregas o incluso desabastecimientos puntuales en determinados productos.
La industria española ya partía de una situación delicada. El año pasado, más del 20% del aluminio primario necesario fue importado, lo que evidencia la dependencia exterior. Con el conflicto actual, esa fragilidad se multiplica.
“Es lo que nos preocupa”, admite De Olabarria al ser preguntado por posibles interrupciones en el suministro. La incertidumbre afecta especialmente a sectores que dependen de cadenas logísticas ajustadas, como la automoción o la construcción.
El reciclaje, tabla de salvación
En medio de este escenario, hay un factor que mitiga parcialmente el impacto: el reciclaje. En España, casi la mitad del aluminio que se utiliza proviene de material reciclado, lo que reduce la dependencia de importaciones.
“Menos mal que tenemos nuestro reciclado”, subraya el secretario general de la AEA. Además, la reactivación de la planta de Alcoa en San Cibrao, tras un largo periodo parada, ofrece un respiro adicional al sistema.
Sin embargo, estas soluciones no son suficientes para compensar el déficit global. El reciclaje tiene límites y no cubre toda la demanda industrial, especialmente en sectores que requieren aluminio primario.
Tormenta perfecta para la industria
La crisis del aluminio no llega sola. Se suma a otros factores que ya tensionaban al sector: la guerra en Ucrania, el encarecimiento energético, el giro proteccionista de Estados Unidos y la competencia de países como Turquía.
El resultado es una tormenta perfecta para una industria estratégica. En España, el sector del aluminio genera más de 4.400 millones de euros al año y emplea a 17.000 trabajadores, siendo clave para sectores como la automoción, la construcción o las energías renovables.
La combinación de inestabilidad geopolítica, dependencia exterior y aumento de costes amenaza con erosionar la competitividad del tejido industrial europeo frente a otros mercados con mayor capacidad productiva.
