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La exjefa de ETA "Anboto", de la prisión a los "encuentros de Justicia restaurativa"

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La exdirigente de ETA Soledad Iparraguirre, «Anboto», salió ayer de la prisión de Martutene, en San Sebastián, por primera vez después de que el Gobierno vasco le haya concedido el régimen de semilibertad que ampara la vía del artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario. A partir de ahora, podrá abandonar entre semana el centro penitenciario para trabajar o realizar tareas de voluntariado y solo tendrá que regresar a prisión para dormir. Condición imprescindible, por tanto, es que acredite un trabajo o una labor de voluntariado. Y, según ha podido saber LA RAZÓN, en el caso de la exdirigente de la banda terrorista, el motivo consignado que justifica sus diarias salidas del centro penitenciario es su asistencia a «encuentros de Justicia restaurativa». Una iniciativa impulsada por el Departamento de Justicia y Derechos Humanos del Gobierno vasco que, en el caso de los presos de ETA, busca un acercamiento a sus víctimas y que han protagonizado ya exmiembros de la organización criminal.

En el caso de «Anboto», como ha sucedido desde febrero con otro histórico exdirigente de ETA, Garikoitz Aspiazu, «Txeroki», exjefe de los «comandos» –desde entonces también en régimen de semilibertad por idéntica vía–, el hermetismo es total. De ahí que se desconozca dónde desarrollará esa tarea que le permite abandonar la cárcel de lunes a viernes. En el caso de «Txeroki», este diario sí ha podido constatar que reparte su tiempo a partes iguales: cuatro horas de una jornada laboral y otras tantas de labores de voluntariado.

El Servicio de Justicia Restaurativa impulsado por el Ejecutivo de Imanol Pradales no se limita sin embargo a esos encuentros voluntarios entre antiguos miembros de ETA y sus víctimas, sino que se proyecta como una alternativa a la vía judicial para la resolución de los conflictos. El objetivo es facilitar el diálogo entre el agresor y su víctima con la mediación de un técnico facilitador para intentar llegar encontrar vías de acuerdo y reparación en el marco de un proceso penal.

«Humanizar» la Justicia

La pasada semana, la consejera de Justicia y Derechos Humanos del Ejecutivo Vasco, María Jesús San José, asistió en Salvador de Bahía (Brasil) a un foro sobre Mujeres en Justicia Restaurativa, en el que puso en valor los réditos de esta iniciativa. «La Justicia Restaurativa no es un concepto abstracto ni una teoría académica alejada de la realidad. Es un modelo de justicia que coloca a las personas en el centro del proceso, reconoce el sufrimiento de las víctimas y ofrece a quienes han causado daño la oportunidad de asumir su responsabilidad y participar en su reparación», expuso San José al respecto. El objetivo, enfatizó respecto a esta iniciativa en marcha desde 2018 (cuyo antecedente son los programas de mediación penal impulsados desde 2007 por el Ejecutivo autonómico), es «humanizar» la Justicia.

«Anboto», condenada a cientos de años de prisión por varios atentados y procesada o imputada en la Audiencia Nacional en media docena de causas contra exjefes de ETA, pasó 16 años en la cárcel en Francia antes de ser entregada a España en 2020, donde afrontó una docena de juicios que le han supuesto diversas condenas.

Ahora, según se encargó de recordar Dignidad y Justicia, continúa investigada por su supuesta responsabilidad, como exintegrante de la cúpula de ETA, en los asesinatos de Miguel Ángel Blanco y Gregorio Ordóñez.

AVT: "Es un mazazo"

La exdirigente etarra, que no ha pedido perdón ni ha colaborado con la Justicia, fue junto a «Josu Ternera» la voz que anunció la disolución de la banda terrorista. Tras su regreso a España, fue condenada a 122 años de prisión por el asesinato del comandante Luciano Cortizo en diciembre en 1995. También acumula otra condena, esta de 425 años de cárcel, por un atentado frustrado contra un dispositivo de la Policía Nacional en el polideportivo de Mendizorroza en 1985. Y otra de 39 años de prisión por el asesinato de Estanislao Galíndez, cartero de Amurrio, también en 1985.

«La noticia se ha recibido como un mazazo», aseguran fuentes de la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT), para la que «por desgracia no es una decisión aislada y se suma a una serie de decisiones que nos muestran una política penitenciaria más centrada en sacar a los terroristas de la cárcel que en hacer justicia a las víctimas del terrorismo». Respecto a la vía del artículo 100.2, señalan que se incluyó «pensando en razones excepcionales para que los presos pudieran salir de prisión para recibir tratamiento médico». Pero ahora, se quejan, «se está aplicando de manera generalizada». Y recuerdan que, desde el año pasado, a los presos etarras se les computan las penas cumplidas en Francia (donde «Anboto» cumplió 16 años de prisión).




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