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Vox busca sacar rédito del pacto con Guardiola y le sube el precio

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No contaba Vox con que Juanma Moreno fuera a pulsar el botón de las elecciones ya. Le ha cogido con el pie cambiado y ahora se enfrenta a una encrucijada: si pacta sendos gobiernos de coalición con el PP en Extremadura y Aragón, donde los tiempos apremian a una alianza antes de las andaluzas del próximo 17 de mayo, perderá grandes dosis de credibilidad su estrategia de confrontar contra el sistema y el «bipartidismo».

No podrá pregonar con tanta legitimidad de cara a su parroquia que el PP es el «PSOE azul» o una «estafa» cuando acaban de capitular un encamamiento en dos gobiernos. Tampoco podrán seguir con un bloqueo que, para empezar, abocaría a dos repeticiones electorales. Si el mantra de Moreno es la «estabilidad», aplican sus palabras de este martes en los micrófonos de Onda Cero, con Carlos Alsina: «No conviene meternos en el lío en el que están otros compañeros».

Por otro lado, será difícil de entender que después de ser el propio Santiago Abascal quien ha afirmado de viva voz que su objetivo es entrar en los tres gobiernos,, ahora hay un enésimo cambio de opinión y el desenlace final resulta una abstención táctica que le permita no pisar moqueta.

La única alternativa, y es en lo que está Vox, pasa por subir el precio de sus apoyos para rentabilizar un futurible acuerdo ante sus votantes. Distintas fuentes conocedoras de la negociación extremeña aseguran a LA RAZÓN que en las últimas horas el partido verde ha tensado la cuerda un poco más de la cuenta.

Si hace escasos días, el documento programático contaba con el sí de las dos partes, ahora el equipo negociador de Vox plantea condicionantes adicionales en dos materias especialmente sensibles para la izquierda: los derechos del colectivo LGTBI y las mujeres.

Fue José María Figaredo, el dos de Vox en el Congreso de los Diputados, quien se encargó de airear en las redes sociales durante la campaña castellanoleonesa un papel en el que figuraban 23 medidas que, supuestamente, estaban negociando con el PP. En realidad, como publicó este diario, el texto original que estaba encima de la mesa constaba de más puntos. En concreto, 76. Y el grado de entendimiento entre las dos partes era bastante alto.

Entre otras medidas, el diputado del partido verde desveló dos: «Derogación o reforma de leyes que Vox considera ideológicas, entre ellas la ley LGTBI». El PP aceptaba hacer alguna concesión y se escudaba precisamente en la reforma, que no pasa por la supresión de una norma que, precisamente, aprobó un presidente popular: Monago. Pero la exigencia ahora es inequívoca: nada de reforma, toca mandar la ley directamente al patíbulo.

Un tanto que se anotaría Vox para su público a costa de una Guardiola que en su cortejo llegó a afirmar que su feminismo es pintiparado al de Abascal. Aunque, en realidad, el objetivo no es tanto humillarla a ella como interferir en la campaña electoral andaluza, donde la meta no es otra que arrebatar a Juanma Moreno su mayoría absoluta.

Sabido es que aquella gesta hace cuatro años, que supuso una derrota moral para Vox, se logró en buena medida gracias al voto prestado que recibió el PP del centroizquierda.

La historia tiende a repetirse. Si ahora Guardiola traga con el ideario más reaccionario de Vox, quien se podría ver perjudicado de forma colateral sería Moreno. Aunque en su equipo siempre han sostenido que lo que pasa en otras comunidades no necesariamente tiene por qué interferir en el proceso andaluz. Más bien, lo contrario.

Razón de más para retener el voto prestado. Porque, según coincide toda la demoscopia, la única solución para que Vox no pinte nada en el tablero andaluz no viene de la mano del PSOE, sino del PP. Una realidad que Moreno piensa utilizar.

Fuentes de Génova se resisten a ofrecer ningún detalle de la negociación. Apenas ayer Feijóo anticipó nuevos contactos. Poco más. En la cúpula del PP, no obstante, advierten a Vox lo siguiente: «Ojo con bloquear mucho más el acuerdo, porque hacerlo no le ha funcionado bien en Castilla y León. Ellos tienen derecho a plantear una estrategia de exigencia y de agresividad contra nosotros, pero también deben plantear una estrategia de colaboración y de superación del bloqueo».

En eso está el PP, en deshacerse en gestos con Abascal para apaciguarle y que «libere» de una vez por todas los acuerdos pendientes.

Buxadé la lía en redes

Tremendo lío se armó ayer en X. «No vamos a negociar en los medios», dijo su partido. Y Jorge Buxadé pensó que era buena idea hacerse eco de una condición impuesta por el jefe de filas en Extremadura y Aragón: «Abascal exige que inmigrantes y menas acrediten tres años de residencia para acceder ayudas».

No dejaron de lloverle las críticas. Algunas de sus filas y no de los purgados. «Yo flipo, de las deportaciones masivas a darles una paga si llevan aquí 3 años. Yo ya no sé si alguien en Vox piensa salir a explicar esto», escribió un tuitero del partido. Al final, el eurodiputado borró la publicación.




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