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Kenia, Etiopía y un cero en el Mundial nada sorprendente: «El dinero pesa más que las medallas»

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Es un síntoma de los tiempos. Un aviso de hacia dónde se dirige el atletismo. El reciente Mundial en pista cubierta de Torun dejó un medallero atípico. El habitual dominio de Estados Unidos, con 18 medallas en total, fue secundado por hasta nueve países europeos, ganadores de 18 de los 27 oros que se repartieron. Había que descender hasta el puesto 15 para encontrar a la primera nación caribeña, Bahamas, y hasta el 24 para dar con la primera selección asiática, Corea del Sur. Pero aún había algo más llamativo, incluso insólito: ¿dónde estaban los africanos? ¿Qué había sido de keniatas y etíopes, habituales dominadores del mediofondo y el fondo? ¿Dónde quedaron sus características camisetas rojas y verdes? Ni rastro de ellos. Por primera vez desde 1993, ninguno de esos dos países logró subir al podio. En el cómputo global, el continente africano solo rascó dos medallas en Torun, ambas en el triple salto: el argelino Triki fue bronce en la prueba masculina y la senegalesa Sarr logró esa misma posición en la femenina. Es el registro más bajo de la historia y resulta achacable a ese declive progresivo de keniatas y etíopes en la pista cubierta. Etiopía, que llegó a ganar nueve medallas en Belgrado 2022, arrebatándole el primer puesto del medallero a la mismísima Estados Unidos, vivió una debacle que comenzó incluso antes del inicio de los campeonatos, cuando cuatro de sus atletas se quedaron sin poder viajar a Polonia tras el rechazo de sus visados. Una de las afectadas fue Tsige Duguma, que no pudo defender el título mundial de los 800 metros logrado el año pasado. No es un incidente aislado. El pasado enero, Estados Unidos rechazó otros catorce visados de atletas etíopes que iban a participar en los Mundiales de cross en Tallahassee. World Athletics ya ha tirado de las orejas en varias ocasiones a la administración etíope por su falta de diligencia en los trámites, pero las advertencias no parecen surtir efecto. En Torun, la delegación abisinia estuvo compuesta finalmente por solo seis atletas. Nigist Getachew (800 femenino) y Aleshign Baweke (3.000 femenino) fueron sus mejores representantes. El caso de Kenia parece diferente. Ya venían de un 'cero' en el anterior Mundial indoor, en Nankín, y a Polonia viajaron solo ocho atletas, cuatro hombres y cuatro mujeres. También se quedaron a las puertas del podio con el cuarto puesto de Jacob Krop en los 3.000 masculinos. El dato contrasta con el extraordinario éxito keniano en el último Mundial al aire libre , Tokio 2025, de donde se marchó con once medallas, siete de ellas de oro. Las mujeres de ese país dominaron todas las distancias entre el 800 y el maratón. Ninguno de esos once, claro, estuvo en Torun. «Hay varias razones que explican este fenómeno progresivo, pero la principal es que, para los atletas africanos, la pista tiene cada vez menos alicientes económicos. Y la cubierta, menos aún». Gerardo Prieto, además de periodista, escritor y promotor deportivo, ha sido representante de atletas y responsable de traer a muchos africanos a Europa gracias a su labor de 'scouting' en los campos de entrenamiento del Valle del Rift. «El dinero pesa más que las medallas. Y desde hace algunos años estamos viendo cómo atletas de 20, 21 o 22 años dan ya el salto al maratón. Quien tiene talento lo orienta hacia esa disciplina. Cada vez se apuesta más por el asfalto que por el sintético». La proliferación de carreras de 10 kilómetros y la temporada de cross resultan mucho más atractivas para los africanos que la campaña invernal bajo techo. «En África no hay pistas cubiertas, y correr en una cuerda de 200 metros no es fácil. Necesitas una planificación muy medida y disputar varias pruebas para llegar en forma, pero un etíope o un keniano normalmente no tiene esas posibilidades, salvo que sea una gran figura. Además, echan en falta mayor densidad de pruebas. La más larga son los 3.000 metros, lo que limita mucho sus opciones. Todo les empuja a no especializarse en pista cubierta». Y mientras África se retira, el resto avanza. En Torun, los podios del mediofondo se repartieron entre nueve países, con dominio estadounidense (5 medallas), Gran Bretaña y Australia (3) y España (2). Lo de los norteamericanos ha pasado de ser una anécdota a convertirse en tendencia. «Llevan unos veinte años con programas de entrenamiento muy estructurados, con concentraciones en altura en Colorado», cuenta Prieto. «Eso ha generado una cantera muy fuerte y se ha demostrado que se puede ganar a los africanos, salvo casos excepcionales como Gebreselassie o Bekele. Ahora hay más oportunidades». El desinterés africano por la pista cubierta apunta a agravarse en los próximos años. Y no se trata, ni mucho menos, de un problema de base, sino todo lo contrario. «La cantera en Kenia y Etiopía es brutal. Cada vez mayor. Esos éxitos económicos de los que hablamos en el maratón generan un efecto llamada. Los niños quieren ser como esos atletas que ganan dinero y mejoran su vida. Yo he visto cómo tratan a Eliud Kipchoge cuando lo ven en su país. Casi como un semidiós, como una figura mística. El atletismo es la referencia para todos los niños; no destacan en otra cosa. Y también ha crecido la base femenina. Los hombres kenianos han perdido el miedo a que sus mujeres ganen más dinero que ellos. Antes era un tabú. Ahora se acepta más. Incluso han surgido 'training camps' solo para mujeres, lo que ha favorecido su desarrollo».



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