Cómo funcionan los radares invisibles que nos vigilarán en Semana Santa
La operación salida de Semana Santa anticipa uno de los períodos del año en el que más desplazamientos en carretera se producen. En un contexto donde la Dirección General de Tráfico (DGT) está registrando cifras récord en sanciones por exceso de velocidad, el organismo ha decidido redoblar la apuesta por la tecnología de vanguardia. Este año, los protagonistas absolutos son los denominados radares «invisibles», diseñados específicamente para pasar desapercibidos ante el ojo humano y los detectores convencionales. El corazón de esta estrategia de vigilancia reside en los dispositivos Veloláser. Aunque el término «invisible» pueda sonar a ciencia ficción, su eficacia es muy real gracias a una tecnología láser capaz de medir la velocidad con una precisión milimétrica a distancias que superan el kilómetro de alcance. Su principal ventaja es un tamaño ultracompacto que permite a los agentes ocultarlos en guardarraíles, detrás de señales de tráfico o integrarlos discretamente en las biondas laterales. Al ser extremadamente ligeros, la Guardia Civil puede modificar su ubicación frecuentemente, lo que inutiliza los avisos en tiempo real de las aplicaciones de conducción y aplicaciones GPS. Estos dispositivos no solo son difíciles de ver, sino que son capaces de realizar múltiples registros por segundo y capturar imágenes en alta definición que facilitan la tramitación inmediata de las sanciones. Además, se integran a la perfección en vehículos camuflados que circulan como un coche más entre el tráfico, haciendo que el conductor solo sea consciente de su presencia cuando ya es demasiado tarde para reaccionar. La DGT no se fía solo de lo que ocurre a ras de suelo y complementa este control terrestre con una red de vigilancia aérea masiva. Tráfico cuenta para estos días con una docena de helicópteros Pegasus, auténticos laboratorios volantes capaces de detectar velocidades de entre 80 y 350 km/h mientras operan a 700 metros de altura. A esta flota se suman cerca de cuarenta drones, de los cuales más de la mitad tienen capacidad sancionadora directa. Aunque su autonomía es más reducida que la de los helicópteros, su discreción los hace ideales para vigilar puntos estratégicos en vías secundarias y tramos de alta siniestralidad. Esta ofensiva tecnológica llega tras un periodo de infracciones históricas y conductas extremas, como las velocidades cercanas a los 200 km/h detectadas recientemente en la salida de la A-3 desde Valencia. Con este despliegue, la administración busca atajar la siniestralidad en un periodo de desplazamientos masivos donde la vigilancia, este año más que nunca, será omnipresente pero prácticamente indetectable. El pasado mes de febrero Tráfico puso en marcha 33 nuevos radares en carreteras de once Comunidades Autónomas. Forman parte del Plan de instalación de 122 nuevos puntos de control de velocidad en carreteras convencionales y vías de alta ocupación previstos para 2025 de los que ya se han puesto en servicio 106 y que se terminarán de instalar a lo largo de 2026. Como es habitual, estos nuevos puntos de control de velocidad están señalizados en la carretera, publicados en la página web de la DGT y sus ubicaciones puestas a disposición de los operadores para que los incluyan en sus navegadores. Según la DGT está demostrado que la velocidad no solo afecta al riesgo de verse involucrado en un siniestro de tráfico sino también que, a mayor velocidad más difícil será reaccionar a tiempo para prevenir el siniestro y más graves serán las lesiones producidas a consecuencia de éste, por lo que el objetivo de los puntos de control no es solo reducir el número de siniestros mortales, sino también de heridos graves.