Rodrigo Cuevas: "Estamos vendiendo los pueblos de la costa por un puñado de euros"
De un futuro torcido en el que se refleja nuestro presente se ocupaba Aldous Huxley en «Un mundo feliz». En 2026, Massiel canta en asturiano una nueva visión de «Un mundo feliz», la canción que arranca el nuevo disco de Rodrigo Cuevas (Oviedo, 1985): «Vivo en un mundo feliz / en donde todos los días sale el sol / En los coles no estudian inglés / y el tabaco no crea adicción. / Los porteros de les discoteques / trátente con mucha educación / Los ricos no van al espacio / Y todo el mundo es maricón». Como si se tratara de una espléndida utopía en este planeta averiado y distópico, Cuevas lanza su nuevo álbum, «Manual de belleza», con la voz de Massiel más de dos décadas después en un trabajo discográfico.
Inspirado por la serie de Atresmedia «Las noches de Tefía», Cuevas concibió la canción que abre el disco. «Quería crear una de esas burbujas donde agarrarte o refugiarte ante lo que está sucediendo fuera –explica–. Como esas canciones idealistas que escuchaban mis padres en los 70, que eran felices y no como las de ahora, que son puro materialismo», dice el asturiano sobre una serie que ficciona la vida de los internos de la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, un campo de concentración franquista para vagabundos, disidentes, presos comunes y homosexuales en la isla de Fuerteventura. «Por la mañana hacían trabajos forzados y por la tarde creaban un cabaret imaginario que les permitía seguir viviendo. Y me fascinó esa historia», cuenta este autodenominado «agitador folclórico». Sin embargo, no se trata de una canción que enmiende la realidad. «No, porque esa era justo una de las premisas que tenía con el disco: no reaccionar. Vivimos tiempos de sobreinformación y creo que es muy difícil no adoptar una posición reactiva. Y yo no quiero que me marquen el tema del que tengo que hablar, que me obliguen a contestar a lo que otros quieren. Yo quería hablar de lo que me apetecía a mí», dice Cuevas. Su nuevo trabajo habla de la redención a través de la belleza: «Para mí la belleza es estar tranquilo, levantarme por la mañana y escuchar los pájaros, coger los huevos de las gallinas, tomarme un café, sentirme querido y querer a alguien», explica.
Un somier de portilla
Un ejemplo de esa belleza es «Xardineru», un bolero en asturiano rebosante de «queer power». «Siempre quise hacer uno. Me encantan. Creo que tienen el poder de darle ligereza a lo trascendente y elevar lo cotidiano, que es justo lo que quería en este álbum», dice Cuevas. O «La hermana cautiva», un romance de hace más de cinco siglos grabado en forma de... «perreo medieval ¿A quién no le gusta un perreo medieval?» y que continúa la línea de trabajo del asturiano, rescatador de cantes tradicionales. «A mí me da pena que se pierdan esas canciones. Ya sé que podemos vivir sin ellas, pero creo que lo haremos con un poco menos de romanticismo y de anclaje en nuestra cultura, con nuestro pasado. Fíjate que esas canciones sobrevivieron durante siglos mientras no había luz eléctrica, hasta la generación de mis abuelas, que fueron las últimas, y en solo dos generaciones las vamos a perder con la llegada del entretenimiento», se lamenta. Para Cuevas, la tradición es un material que puede adaptarse a lo nuevo. «Siempre se ha hecho, porque eran composiciones orales. La gente del campo no tiene complejos en utilizar un somier de portilla, o algo así», dice con una hermosa comparación.
Además de la estelar participación de Massiel, otras colaboraciones brillan en el disco, como la de La Mala Rodríguez en «BLZA», un tema crítico con los opresivos cánones de belleza, o la estupenda «Sácame a bailar» de Ana Belén, un pasodoble sobre el poder que tiene en la memoria una canción. Y en el que aparece la muerte como el edén musical de sus sueños: una fiesta en el cielo con Juan Gabriel, Concha Velasco y Lina Morgan, para hacer un musical celestial. Para la puesta en escena, con su formato «Llagares», Cuevas ya lo tiene todo preparado. «Hemos comprado cuatro toneladas de maíz para hacer un verdadero paisaje asturiano». Que sea un mundo feliz.
«Vendemos el pueblo por unos euros»
Ni una sola de las diez canciones del nuevo trabajo de Rodrigo Cuevas tiene desperdicio. En «La playa», el asturiano realiza una parodia o más bien un alegato anti gentrificación del norte, convertido en nueva tendencia turística, una vez que otras latitudes han sido explotadas. «Hay una pequeña crítica en el sentido de que no me gusta cómo algunos territorios se han convertido en el patio de recreo, pensando que el resto del año, fuera del verano, allí no hay nada ni nadie. Pero también soy crítico con los propios habitantes de esos pueblos, que nos vendemos por cuatro duros. Yo lo entiendo, porque si no hay dinero, pues lo buscas, vendes lo que sea. Pero a veces, por un puñado de euros vendes el pueblo de la costa y provocas que tus hijos ya no tengan arraigo en ese lugar porque todas las casas quedaron para los turistas. Y destrozas el paisaje para tener algo de dinero, aunque a cambio ya no lo reconozcas como tuyo».
