El Comité Olímpico Internacional ha decidido reintroducir los test genéticos de cara a los próximos Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 y limitar la participación en las categorías femeninas a mujeres biológicas. «Está limitada a mujeres biológicas, lo cual se determina sobre la base de una prueba única del gen SRY», ha indicado en un comunicado. De este modo, recupera los test cromosómicos, que se usaron en varios ciclos olímpicos (incluyendo los Juegos de Altanta 96), hasta que en 1999 se retiraron, entre críticas por parte de la sociedad científica y las propias deportistas. Así, se fija una única política, que deja fuera de la competición en categoría femenina a mujeres transgénero y a aquellas que presenten variaciones genéticas y consideradas como niñas desde su nacimiento. Además, el COI indica que la decisión anula todas las posiciones tomadas en 2021, que permitían que cada federación estipulase sus propias reglas de participación. Esto incluye, también, el 'Marco sobre equidad, inclusión y no discriminación por motivos de identidad de género y variaciones sexuales', que enterraba la presunción de ventaja. Es decir, el asumir que una mujer transgénero, por el hecho de serlo, posee automáticamente ventaja sobre una mujer cisgénero. La medida que ahora pone sobre la mesa el COI ya se ha implementado en varias federaciones deportivas, como la de boxeo, atletismo o esquí. También en la de natación, que cambió de paradigma después de que Lia Thomas, nadadora transgénero, ganase una competición universitaria en Estados Unidos en 2022. Ese mismo año, 'World Aquatics' prohibió la participación de atletas trans en categoría femenina si habían vivido su adolescencia sin transicionar. «Los atletas con un resultado positivo en la prueba SRY, incluidos los atletas transgénero XY y los atletas XY-DSD sensibles a los andrógenos, siguen estando incluidos en todas las demás clasificaciones para las que cumplen los requisitos. Por ejemplo, pueden participar en cualquier categoría masculina, incluso en un cupo masculino designado dentro de cualquier categoría mixta, en cualquier categoría abierta o en deportes y eventos que no clasifiquen a los atletas por sexo», ha explicado Kirsty Coventry, la presidenta del COI, en un comunicado. La responsabilidad de organizar los test recaerá sobre las federaciones internacionales y en las instituciones deportivas nacionales. Estos se harán mediante un test de saliva, un raspado bucal o una muestra de sangre y deberán ser realizadas «una única vez en la vida del deportista», tal y como señala el COI. «Todos los atletas deben ser tratados con dignidad y respeto, y solo necesitarán someterse a un examen médico una vez en su vida. Debe haber información clara sobre el proceso y asesoramiento disponible, junto con la asesoría de expertos», apostilla Coventry. La decisión llega después de que un grupo de trabajo del Comité Olímpico Internacional haya resulto que, basándose en «la evidencia científica más reciente, incluyendo los avances desde 2021», el sexo masculino proporciona «una ventaja de rendimiento en todos los deportes y eventos que dependen de la fuerza, la potencia y la resistencia». «En los Juegos Olímpicos, incluso márgenes más pequeños pueden marcar la diferencia entre la victoria y la derrota. Por tanto, está absolutamente claro que no sería justo que los varones biológicos compitieran en la categoría femenina. Además, en algunos deportes simplemente no sería seguro», ha aseverado. La decisión llega tras la polémica suscitada en los Juegos de París 2024 por la participación de Imane Khelif, quien protagonizó titulares y rumores durante toda la competición. La medida, que no es retroactiva, según ha informado el órgano de competición, y no pone en peligro el oro de la boxeadora argelina, que sí ha reconocido ser portadora del gen SRY, si bien nació como niña y ha defendido su feminidad al ser atacada por su género. Pero el caso de Imane Khelif no es el único precedente. El caso de la atleta Caster Semenya puso la disputa del género en el centro del tablero en el atletismo. Desde que deslumbrase al mundo con su oro en los Mundiales de 2009, las especulaciones y debates en torno a la atleta no han cesado, debido a su apariencia y físico. Semenya triunfó, pero tras brillar en la capital germana, no se le permitió competir durante once meses y se la obligó a someterse a pruebas de «feminidad». Tras la prohibición de la Federación Internacional de Atletismo, Sudáfrica anunció que sometería a la atleta a sus propias pruebas, que no se produjeron, y en julio de 2010 'World Athlectics' volvió a permitir que compitiera. Desde 2010, la atleta ganó numerosos títulos entre ellos otro oro en el 800 en el mundial de Daegu (Japón) de 2011 o el oro olímpico en Río 2016, donde con una marta de 1:55.28 se quedó a tan solo 2 segundos de pulverizar el récord mundial. Dos años después de tocar la gloria olímpica, 'World Athletics' volvió a revisar sus normas y en abril de 2018 aprobó una norma que, de facto, forzaba a la atleta a someterse a un tratamiento hormonal para reducir su tasa de testosterona poder competir en categoría femenina. Una normativa que Semenya recurrió ante el TAS, alegando hiperandrogenismo y, según su abogada, la forzó a elegir entre «salvaguardar su integridad y dignidad personales quedando excluida de la competición» o «sufrir un tratamiento nocivo, inútil y presuntamente correctivo». En 2023, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) falló en favor de la atleta y reconoció que fue discriminada por negarse a someterse al tratamiento; pese a ello, el reglamento de 'World Athletics' no se modificó y no cambiaba la posición de la Federación. En 2025, tras apenas haber competido desde que empezó a litigar, la atleta decidió el pasado mes de octubre zanjar su pelea legal en Suiza para explorar otras vías para batallar por volver a calzarse las zapatillas.