Crítica de "Un altre home": lo difícil es desear ★★★★
“Creo que deberíamos follar”. Casi como un mantra -aquel que también cerraba, de modo tan contundente, una de las grandes disecciones del mundo de la pareja jamás filmadas, “Eyes Wide Shut”- que parece neutralizar conversaciones incómodas que nunca se quieren tener o invocar la auténtica razón por la que la convivencia no funciona, la frase se repite a lo largo de “Un altre home” para que recordemos que todo filme que habla del amor y sus fracasos habla, también, del deseo. En esta magnífica comedia de costumbres (aunque de comedia tenga más bien poco) el problema de Marc (Lluís Marqués) es que no sabe si concibe el deseo en clave psicoanalítica, o lo que es lo mismo, como una carencia, o, por el contrario, como una muestra de voluntad de ordenar su interior, como una voluntad de conquista, dándole la razón a Deleuze, que pensaba que lo difícil no era conseguir lo que uno desea; lo difícil es desear. Marc vuelve a desear cuando ve a “ese otro hombre” en el balcón de enfrente de su casa, y la película es la crónica de qué despierta ese deseo en él.
Si “A Stormy Night”, el primer largo de David Moragas, era una comedia romántica a medio camino entre el ‘mumblecore’ y el cine de Woody Allen, “Un altre home” podría considerarse su secuela, en la medida que estudia qué ocurre cuando la pareja homosexual se consolida y proyecta un futuro, disfruta de una estabilidad económica, construye una imagen pública de matrimonio perfecto. Una de las mayores virtudes de la película es significarse como historia LGTBI sin subrayar el peso simbólico de las siglas: es tan franca en las escenas sexuales como universal a la hora de retratar la confusión sentimental de Marc respecto a su relación con Eudald (Quim Ávila) y a lo que significa respecto a su compromiso consigo mismo y sus proyectos, al conflictivo vínculo con su neurótica hermana (Bruna Cusí), al sentimiento compartido de orfandad, a la presencia flotante de una madre muerta cuyo fantasma nunca acaba de desvanecerse. Moragas sabe que no hay un Marc creíble sin que sus satélites orbiten en la dirección adecuada. Por eso saca a pasear su pericia de guionista afinado y compone a los secundarios -la hermana; el amigo gay promiscuo que echa de menos a su colega de universidad; la pareja proclive a las orgías; el cuñado machista a su pesar- con la misma atención que a su protagonista.
En definitiva, Moragas hace una excelente radiografía de la vida gay en pareja en una Barcelona viva y fotogénica, aunque pesa más el lado de película generacional, que examina las dudas y desconciertos de esos treintañeros que navegan entre el deseo de encontrarse a sí mismos en un mundo controlado y el deseo de ser otros, de ser ese “otro hombre”.
Lo mejor: Su capacidad de observación, su suspicacia a la hora de retratar la ambigüedad afectiva que atraviesa las relaciones sentimentales contemporáneas.
Lo peor: Es más dramática que cómica, lo que tal vez decepcione a los que solo esperaban ligereza y frivolidad.
