¿Desearía poder morir con dignidad? Esto es lo que busca nuevo proyecto de ley
Ante la inminencia de la muerte, partir con el menor dolor posible es un gran anhelo. Una persona que se enfrenta a un diagnóstico devastador de cáncer, por ejemplo, quizás su última voluntad sea el no seguir en quimioterapia a cambio de vivir sus últimos días sin los efectos nocivos del tratamiento, acompañada de especialistas que reduzcan sus dolencias.
Una iniciativa de ley busca darles algún tipo de opciones a personas con enfermedades incurables, degenerativas o con pronóstico de vida limitado. Se trata de la Ley sobre muerte digna de pacientes en estado terminal, expediente 25.455, que presentó el diputado del Partido Liberación Nacional (PLN), Danny Vargas.
El objetivo es que las personas puedan transitar sus últimos días sin dolor y sin intervenciones que prolonguen de forma artificial un proceso irreversible.
En Revista Dominical conversamos con el diputado Vargas para conocer de forma más detallada este proyecto de Ley que ya está generando controversia en el país. “No es eutanasia o suicidio asistido, sino calidad de vida digna para una persona en etapa terminal”, aclara legislador.
¿Cómo surge este proyecto?
Desde hace tiempo he venido elaborando este proyecto, con expertos, por la envergadura que representa. Pero el mayor impulso fue que el año pasado, cuando se aprobó una legislación similar en Uruguay, y tomamos eso como una guía, y estuvimos aplicando derecho comparado.
“Esto tiene un interés humanista, que es lo que lo mueve al proyecto. Al contrario de lo que se puede malinterpretar: no se trata de eutanasia ni de suicidio asistido, muy por el contrario, es un proyecto de calidad de vida digna para una persona en etapa terminal”.
¿Qué se tomó de la experiencia de Uruguay?
Lo que pudimos rescatar fue el concepto de “muerte digna” con un contexto y una profundidad filosófica, que antes las personas lo ligaban a eutanasia en automático. De hecho, ahorita algunos detractores lo están ligando y no es así. Y lo que queremos es que en los últimos momentos de las personas, con la voluntad de ellos, tengan accesos a garantías de tratamientos que le brinden una muerte digna como tal.
¿Qué es la muerte digna?
Aquí hay que marcar la pauta que esto es cuando una persona tiene un diagnóstico de una enfermedad terminal que no puede dar marcha atrás: que es irreversible su pronóstico, y que sea evidente que en cuestión de semanas o de meses la calidad de vida se va a deteriorar.
“El proyecto pretende que estas personas que reciben este diagnóstico tengan la autonomía de decidir si continuar o no con un tratamiento doloroso para algo que no va a tener mayor suceso. En cambio, pueden optar por medicamentos o sedantes que les quiten el dolor.
“Conversando con especialistas, sabemos que hay personas que prefieren no seguirse aplicando la quimioterapia porque les genera efectos secundarios que les causa muchísimas molestias. Y la valoración que puede hacer la persona es: ‘Si el resultado va a ser que voy a durar tres meses, prefiero durar tres meses con una calidad de vida que me sienta en mejores condiciones (sin dolor, sedado) y no utilizando un medicamento que intoxica mi cuerpo, y que por el contrario me puede generar más dolor y semanas de angustias’”.
El proyecto no establece la eutanasia, pero los críticos del proyectos aseguran que no serán punibles los actos realizados por médicos “por motivos de piedad”. ¿Podría aclarar al respecto?
El proyecto permite que una persona, con su libre voluntad, pueda decidir abandonar la quimioterapia y que esto no sea responsabilidad del médico, por ejemplo. Pero en el proyecto no se contempla la eutanasia, que es una forma de provocar muerte con toda la intención. Ahí es donde se marca una diferencia, porque en la eutanasia hay una intención de provocar la muerte, de hecho se puede fijar el día y la hora que se asista con un procedimiento médico y provocar la muerte.
“Este proyecto, por su parte, es desde el ámbito biológico y natural para las personas. Es decir, la muerte llega en el momento que naturalmente el cuerpo no pueda más. El proyecto garantiza que haya acompañamiento del Estado para que pueda darse medicamentos para que la muerte sea lo menos dolorosa posible. Hoy por hoy, en Costa Rica hay clínicas del dolor y de cuidados paliativos, pero esto viene a reforzar más.
“Se trata de ampliar más estos servicios. Estas clínicas funcionan, pero en ocasiones hacen una visita a la semana o al mes y tal vez los pacientes presentan dolores las 24 horas. Entonces el proyecto busca generar un sistema real de cuidados paliativos y de asistencia del dolor. El Estado y la Caja Costarricense de Seguro Social hacen un gran esfuerzo, pero no se cumpliendo con protocolos 100% efectivos para aliviar ese dolor. La idea es que esto, cuando sea Ley, sean programas efectivos y eficaces”.
¿En qué casos concretos aplicaría?
En casos de enfermedad terminal que no tengan reversión. Eso tiene que aprobarse en una junta médica que lo certifique. Estamos hablando de ciertos tipos de cánceres. La medicina ha avanzado y hay buenos pronósticos y mejoría en ciertos tipos de cánceres. Pero para otros el pronóstico es totalmente adverso, y estamos hablando de este tipo de casos.
“El proyecto también establece que una persona, que esté en sus cinco sentidos, pueda hacer un testamento vital, para que en el futuro un familiar cercano tome una decisión de en qué momento le dejen de aplicar los medicamentos o la tenga que desconectar de una máquina que lo asista”.
