Una ruta de senderismo en Murcia para ver la noria en funcionamiento más grande de Europa
Camina entre huertas históricas y agua en movimiento en el corazón del Valle de Ricote
Tres rutas de senderismo cortas y de fácil acceso que hacer en Murcia
En el interior de la Región de Murcia, lejos del bullicio de la costa y de los itinerarios más transitados, hay un sendero que permite caminar entre huertas históricas y agua en movimiento en el corazón del Valle de Ricote. La Ruta de las Norias de Abarán no es solo un paseo fácil junto al río Segura, es un recorrido por un paisaje donde la ingeniería tradicional, la agricultura y la naturaleza conviven desde hace siglos sin apenas haber cambiado.
El itinerario comienza en el Parque de las Norias, en el municipio de Abarán, puerta de entrada al Valle de Ricote. Desde aquí parte un sendero circular de algo más de cuatro kilómetros, prácticamente llano y accesible, que discurre por ambos márgenes del río Segura. El recorrido forma parte de un entorno declarado Bien de Interés Cultural como Lugar de Interés Etnográfico en 2018.
Un museo del agua al aire libre
Lo que hace especial esta ruta no es la dificultad ni la distancia, sino lo que se encuentra a cada paso. Abarán conserva el conjunto de norias tradicionales en funcionamiento más importante de España, un sistema hidráulico que sigue elevando agua para regar huertos como lo hacía hace siglos.
Estas norias, alimentadas por acequias que toman el agua del Segura, forman parte de una cultura del agua heredada en gran medida de época andalusí. Su funcionamiento es sencillo y, al mismo tiempo, fascinante: la fuerza de la corriente mueve una gran rueda equipada con cangilones que elevan el agua hasta un canal superior desde el que se distribuye a los cultivos.
El sendero permite entender este sistema no como una reliquia del pasado, sino como una herramienta viva. Las norias siguen girando, chirriando y vertiendo agua, manteniendo un paisaje agrícola que ha sobrevivido al paso del tiempo.
La Noria Grande, protagonista del recorrido
Apenas unos pasos después de iniciar la ruta aparece su gran símbolo: la Noria Grande. Situada junto al parque, esta estructura de madera y hierro es la mayor noria en funcionamiento de Europa, con casi 12 metros de diámetro.
Construida a comienzos del siglo XIX, en 1805, y reconstruida en varias ocasiones, sigue cumpliendo su función original: elevar agua para regar cientos de hectáreas de huerta. Su movimiento continuo, acompañado por el sonido del agua cayendo desde los cangilones, marca el ritmo del recorrido.
No es casual que esta noria se haya convertido en uno de los grandes iconos del patrimonio hidráulico europeo. Su tamaño y su estado de conservación la sitúan como una pieza única dentro de este tipo de ingeniería tradicional.
Entre acequias, huertos y caminos de ribera
Tras dejar atrás la Noria Grande, el sendero avanza paralelo al río Segura, entre acequias, cañaverales y pequeñas parcelas agrícolas. Este tramo define el carácter de la ruta, un paisaje donde la naturaleza está profundamente humanizada, pero sin perder su equilibrio.
El camino discurre por la mota del río y atraviesa zonas de bosque de ribera como el paraje de El Caño, donde la vegetación se vuelve más densa y la sombra más agradecida en los meses cálidos.
A lo largo del recorrido aparecen paneles interpretativos que explican el funcionamiento de las norias y otros elementos del sistema hidráulico, fruto de un proyecto de recuperación impulsado por el propio municipio y asociaciones locales.
Este carácter didáctico convierte la ruta en algo más que un paseo: es una forma de comprender cómo se organizaba —y se sigue organizando— la vida en torno al agua en esta parte de Murcia.
Aunque la Noria Grande es la más espectacular, no es la única. El itinerario permite descubrir otras tres norias principales: la de la Hoya de Don García, la del Candelón y la Ñorica.
Cada una tiene su propia historia y características. La de la Hoya de Don García, por ejemplo, alcanza más de ocho metros de diámetro y ha sido reconstruida en varias ocasiones desde el siglo XIX. La del Candelón combina elementos originales con reformas posteriores, mientras que la Ñorica, más pequeña, ofrece un contraste interesante dentro del conjunto.
Este grupo forma un sistema coherente que permite entender la evolución de estas estructuras y su adaptación a lo largo del tiempo. No son piezas aisladas, sino parte de un paisaje cultural que se mantiene en uso.
Uno de los momentos más interesantes del recorrido llega al cruzar el histórico Puente Viejo, también declarado Bien de Interés Cultural. Desde aquí, la perspectiva cambia: el camino continúa por la otra orilla, ofreciendo una nueva visión del río y de la huerta.
Este tramo permite observar el paisaje desde fuera, como si se tratara de una escena detenida en el tiempo. Las norias siguen girando, los huertos se extienden en parcelas ordenadas y el río marca el eje de todo el sistema.
La vuelta al punto de inicio completa un recorrido circular que apenas presenta desnivel —unos 40 metros— y que puede realizarse en poco más de una hora.
Consejos para la visita
La ruta puede realizarse en cualquier época del año, aunque la primavera es especialmente atractiva por la presencia de agua y el verdor de la huerta. En verano, el recorrido sigue siendo viable gracias a la sombra de la vegetación de ribera, aunque conviene evitar las horas centrales del día.
El trazado es sencillo y apto para familias, pero siempre es recomendable llevar agua, protección solar y calzado cómodo. También es importante respetar el entorno: se trata de un paisaje agrícola activo, donde los caminos conviven con zonas de cultivo.
Recorrer la Ruta de las Norias de Abarán es, en el fondo, una forma de entender un territorio. Aquí, el agua no es solo un recurso: es el eje que ha definido la historia, la economía y el paisaje.
En un momento en el que muchas de estas estructuras han desaparecido o han dejado de funcionar, este rincón de Murcia conserva un sistema completo, vivo, que sigue girando cada día.
Y quizá ahí reside su mayor valor: no en la espectacularidad del paisaje, sino en su autenticidad. En la sensación de estar caminando por un lugar donde todo —el río, las acequias, las norias— sigue teniendo un propósito.
