De adolescente, Diego Poncelet (26 años) volcó en el monopatín su deseo de dejar una huella en el mundo. Aprendió el arte de deslizarse a toda velocidad por carreteras de montaña y se proclamó campeón del mundo de descenso en 2022 y 2023. Descubrió entonces que la vida no consiste en encontrar un propósito, sino en dejar de necesitarlo porque uno está entregado a lo que le apasiona. Así, lo que parecía una entrevista sobre deporte extremo con un joven criado en Mallorca acabó siendo, en realidad, una conversación sobre cómo vivir. Pudiendo no hacerlo, ¿por qué hace lo que hace? Lo primero, es que la experiencia misma de patinar es increíble. Me encantaría poder llevar a alguien conmigo para que lo sienta también. Ese momento en el que estás yendo a toda velocidad es como si estuvieras dentro de un túnel. Miras superlejos en la distancia, a un punto lejano que se va acercando cada vez más rápido, y todo lo demás se vuelve borroso. Literal y simbólicamente, porque todo lo que no es lo que estás haciendo en ese instante ya no importa, se vuelve completamente superfluo. No es tanto que el patín me dé un propósito sino, sobre todo, que en el momento de bajar pierdes la necesidad de tener un propósito, porque la experiencia en sí basta. Y tengo otra razón: Creo que la felicidad no es algo que se puede conseguir por sí misma. Es decir, no puedes decir 'quiero ser feliz' y serlo. Tienes que tener algo que te haga feliz. Y, de forma un poco más radical, creo que para ser feliz necesitamos tener algo por lo cual estemos dispuestos a morir. Puede ser el patín, pero pueden ser cosas más habituales, como la familia. Entonces, cuando la gente me pregunta '¿cuándo dejarás de patinar?', les digo: 'cuando ya no esté dispuesto a morirme por ello', porque ya no me podrá llenar. ¿En ese momento espera que haya otra cosa que le llene tanto? Exactamente. Y seguro que la encontraré. Lo esencial es estar apasionado de una forma tan intensa por algo que te pierdas dentro de tu pasión. Le iba a preguntar qué se siente bajando y descendiendo a 130 por hora, pero ya lo ha explicado a la perfección... Yo soy consciente del riesgo que hay dentro de este deporte. No me miento a mí mismo. Pero en el momento en el que lo estás haciendo te olvidas completamente de esa posibilidad porque confías en ti. Y esa es una lección muy importante que me dio el patín: que cuando ya has acabado el cálculo de riesgo, tienes que confiar al cien por cien en que te preparaste bien. Y eso es una buena lección para el patín y para la vida en general, porque pone más importancia sobre la preparación que sobre la acción en sí. ¿Alguna vez ha subestimado ese riesgo? ¿Ha sobrepasado el límite? Claro. Y es parte también del deporte. Viendo mis vídeos la gente puede pensar que de repente me puede aparecer un coche. Y no. Estas carreteras están cerradas. Es un deporte profesional. Ahora, obviamente, si yo me caigo, hay árboles, a veces guardarraíles. Es muy peligroso. Pero yo intento calcularlo como puedo. He sufrido caídas fuertes y tengo que aprender de esos momentos para que no vuelvan a pasar. Algo que de verdad me molestaría mucho es hacer el mismo error dos veces. Pero la primera vez no puedes estar demasiado enfadado contigo mismo; simplemente tienes que aprender de eso y avanzar. Coches, no, pero se le puede cruzar un animal. Exactamente. En Mallorca puede ocurrir con cabras y es muy peligroso. A mí nunca me ha pasado, pero he tenido momentos de susto porque se te cruzan de repente. Yo tengo una persona que va delante de mí con un walkie, conectado a mi casco con un pinganillo, y él me va diciendo cómo está la carretera: 'Libre, libre, libre…'. Si de repente pasa cualquier cosa, un animal o una bici bajando por el monte, algo completamente imprevisto, él me lo dirá y yo puedo pararme antes. Nació en México, ha vivido en Suiza y España, de madre española y padre belga... ¿De dónde se siente usted? No lo sé. En general, cuando me lo piden, como no tengo otra que contestar, digo español porque es el único sitio donde he crecido y donde tengo sangre. El problema es que la gente no me cree. Directamente me dice: 'no, pero de verdad, ¿de dónde eres?'. Porque notan que hay un acento raro. Pero es que si digo que soy mexicano, los mexicanos me dirían también que no. Y me pasa en todos lados. Ya no sé muy bien. Pero no me molesta. Tengo un poco esta nostalgia de tener una patria, un lugar mío, pero a la vez me gusta eso de ser un poco de todas partes. ¿Cómo se gana la vida? Primero, con el dinero de las competiciones. Luego, gracias a ayudas institucionales. Por ejemplo, cuando quedé campeón del mundo me vino una beca de Baleares. A veces también de la Federación Española. Y después, patrocinadores. ¿Y le da para una vida cómoda? Sí, está bien. Es un deporte nuevo y somos pocos los que podemos ganarnos la vida. Es un principio. Todavía no sabemos hasta dónde podemos llegar. Pero no me importa mucho, la verdad. No lo hago por eso. Para nada. Si puedo continuar haciendo lo que hago, ya me basta. No es cuestión de dinero. Ya lo hacía cuando no había dinero. Eso también es lo bonito. Muchas veces lo he pensado: ¿por qué asumir estos riesgos si de forma racional y lógica no tiene ningún sentido? No voy a construir una carrera ni a hacerme rico. Pero siempre he creído que, cuando llegue el final de mi vida, las cosas de las que me acordaré son las cosas que no tienen sentido, que no son productivas. ¿La velocidad más alta que ha logrado? 131 kilómetros por hora. ¿La carretera que más le ha impactado? Tengo dos lugares en el mundo con los que tengo pesadillas: uno en Alicante y otro en Portugal. Y a la vez son mis carreteras favoritas, porque son las que más me han impresionado, las más intensas. Pero también tienen ese reverso de pensar que si fallas ahí sería terrible. En general se piensa que las mejores carreteras están en Estados Unidos o en los Alpes, pero yo creo que en España, porque como no tenemos tanta nieve nos atrevemos a construir carreteras mucho más empinadas. ¿En qué desniveles se manejan? El otro día, en Portugal, llegaba al 28%. Si la ves de frente parece como esas escenas de Inception, que el mundo se vuelve vertical. ¿Los descensos se ganan en las curvas? Sí, exactamente. Yo lo que pude aportar a mi deporte fue mucha técnica de curvas. Vengo de un amor muy profundo por las carreras de coche, por la Fórmula 1, por Fernando Alonso. Cuando entré en el 'downhill' fue mezclar esas dos pasiones. ¿Cómo frena? Derrapando. La gente siempre me pregunta, y yo digo en broma que tenemos fe en que vuelva a subir la carretera. Pero tenemos técnicas muy buenas. Si tengo una bicicleta al lado, freno más rápido que ella. ¿Y lo que lleva en las manos? Son puntos de apoyo en el suelo para poder derrapar y también para coger dirección. Y sí, pueden proteger en caso de caída. Intentamos apoyarnos ahí para no rasparnos la piel. La aerodinámica. Es básico mejorar la postura. Tengo que ganar peso porque la gravedad ayuda, pero sin ganar demasiada superficie corporal. Trabajo mucho con entrenadores físicos para aumentar mi densidad manteniéndome en forma para la posición que usamos, que se llama 'tuck'. Es como esconder la pierna trasera detrás de la frontal y apoyar la parte de arriba sobre la pierna. Parece imposible al principio, pero yo lo hago desde hace doce años. Estudió Relaciones Internacionales. Hay una presión social al escoger estudios cuando somos jóvenes. Y es un error. Debería ser al revés: primero vivir y después estudiar. Pero se hace al contrario. Fue un poco un error, porque me habría dado cuenta antes de que lo mío era otra cosa. Por ejemplo, ahora me gusta mucho el cine. Aun así, fue útil. Me dio conciencia global de los problemas actuales y una responsabilidad social en mis proyectos como patinador. Y desde esa visión académica, ¿cómo ve el mundo? ¿Dónde empezar? Es complicado, se puede atacar por muchos puntos y no quiero tomar partido. Dígame qué le sobra y qué le falta. Sé lo que le sobra. La gente me habla del peligro del monopatín. Pero para mí el peligro no es hacerme daño físico o mental, sino desperdiciar la vida. Esa noción de comodidad siempre me ha dado miedo. Creo que hoy en día, con las redes sociales, es muy fácil vivir de forma completamente distraída. Lo más auténtico es tomar conciencia de uno mismo y vivir de forma lúcida. Ser original y único. Hacerse uno mismo. ¿Se encuentra mucha gente auténtica en sus viajes por el mundo? Sería triste decir que no. El patín es un muy buen lugar para encontrarla, porque es irracional. Es gente que está desconectada de las normas sociales. ¿Le gustaría que su deporte fuera olímpico? Sí, muchísimo. Me haría ilusión porque daría visibilidad. Si ocurre, genial. Si no, no pasa nada. Nuestro deporte no tiene estructura, siempre ha sido de acampar con amigos en la montaña. Sobrevivirá igual. Ya es bicampeón del mundo. ¿Qué proyectos tiene ahora? Quiero buscar las carreteras más difíciles del mundo, retos que parecen imposibles, empujar los límites del deporte y darlo a conocer a más gente.