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Iberent impulsa el renting tecnológico como palanca financiera en un entorno de presión sobre el capital

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La inversión en tecnología ha dejado de ser una decisión operativa para convertirse en una variable clave de la estrategia financiera de las compañías. En un entorno marcado por la incertidumbre macroeconómica, la presión sobre los márgenes y la necesidad de preservar la liquidez, cada vez más empresas están revisando cómo acceden a sus activos tecnológicos.

En este contexto, el renting tecnológico gana protagonismo como alternativa a la compra tradicional. Así lo explica Dolors Fernández, directora financiera de Iberent, quien defiende que «el modelo de propiedad ya no responde a la realidad de la tecnología ni a las necesidades financieras actuales de las empresas».

Un cambio impulsado por el contexto económico

El actual escenario económico —con costes de financiación más elevados, una mayor exigencia en la gestión del capital y un fuerte foco en la eficiencia— ha llevado a los departamentos financieros a replantearse sus decisiones de inversión. «La prioridad hoy es proteger la liquidez y mejorar la flexibilidad financiera. En ese contexto, cualquier decisión que implique inmovilizar capital debe estar muy justificada», señala Fernández.

La tecnología, tradicionalmente considerada una inversión necesaria, empieza a analizarse bajo este nuevo prisma. La rapidez con la que evoluciona y pierde valor cuestiona su encaje como activo a largo plazo en el balance.

Del CAPEX al OPEX

El renting tecnológico introduce un cambio relevante en la estructura financiera de las empresas. Permite sustituir inversiones en activos (CAPEX) por gasto operativo (OPEX), lo que tiene efectos directos sobre el flujo de caja, los ratios financieros y la capacidad de inversión. «Convertir una inversión en un gasto predecible permite liberar recursos y mejorar la planificación. Para un CFO, eso es clave en un entorno como el actual», explica la directiva.

Entre los principales beneficios destacan la mejora del cash flow, al eliminar los desembolsos iniciales; la previsibilidad presupuestaria, gracias a las cuotas fijas; la optimización del balance, al reducirse los activos sujetos a depreciación; y la eficiencia fiscal, ya que se trata de gastos deducibles. Además, el modelo simplifica la gestión contable al evitar procesos asociados a la amortización o al deterioro de activos.

Obsolescencia acelerada y presión tecnológica

Uno de los factores determinantes de este cambio es la aceleración del ciclo tecnológico. La renovación de dispositivos y equipos se sitúa actualmente entre los dos y los tres años, impulsada por avances constantes en software, seguridad y capacidad de procesamiento.

A ello se suma el crecimiento sostenido del sector tecnológico, liderado por áreas como la inteligencia artificial, el cloud computing o la ciberseguridad, que están redefiniendo las necesidades de las empresas. «Las compañías necesitan estar actualizadas de forma continua. Comprar tecnología para varios años cada vez tiene menos sentido», apunta Fernández.

Esta realidad genera un desajuste entre la vida útil contable de los activos y su utilidad real para el negocio.

Impacto en compras, IT y operaciones

El avance del renting tecnológico no solo afecta al área financiera, sino también a los departamentos de compras y tecnología. El modelo permite agilizar los procesos de adquisición, reducir los tiempos de implementación y estandarizar el parque tecnológico. Asimismo, integra servicios asociados, como mantenimiento, soporte técnico o sustitución de equipos, lo que reduce la carga operativa interna y mejora la eficiencia.

«Las empresas buscan simplificar. El renting permite externalizar la gestión del ciclo de vida tecnológico y centrarse en el core del negocio», afirma Fernández. Se trata de un enfoque especialmente relevante en entornos de trabajo híbridos y distribuidos, donde la gestión de dispositivos se ha vuelto más compleja.

Un mercado en expansión sostenida

El renting tecnológico mantiene una trayectoria de crecimiento en España, impulsado por el cambio cultural hacia modelos de pago por uso y por la necesidad de optimizar la estructura financiera. Sectores como los servicios, la industria, el retail o el sector público están incorporando este modelo como parte de su estrategia de digitalización, en línea con las tendencias internacionales.

«El mercado está evolucionando hacia soluciones más flexibles y adaptativas. No es una tendencia puntual, sino un cambio estructural en la forma de consumir tecnología», subraya la CFO de Iberent.

La propuesta de valor de Iberent

En este escenario, Iberent refuerza su posicionamiento como especialista en renting tecnológico, con un enfoque centrado en la integración de financiación, servicio y gestión tecnológica. La compañía apuesta por acompañar a sus clientes en la toma de decisiones, aportando una visión financiera y operativa del ciclo de vida de la tecnología.

«No se trata solo de financiar equipos, sino de ayudar a las empresas a tomar decisiones más eficientes desde el punto de vista financiero y estratégico», explica Fernández. El modelo permite adaptar soluciones a diferentes necesidades empresariales, desde pymes hasta grandes corporaciones, con un enfoque flexible y escalable.

Una transformación en la toma de decisiones

Para los responsables financieros, el renting tecnológico representa un cambio en la forma de entender la inversión. «La pregunta ya no es cuánto cuesta la tecnología, sino cómo impacta en la estructura financiera de la compañía y en su capacidad de adaptación», señala Fernández. En este sentido, el renting permite alinear la inversión tecnológica con los objetivos financieros, reducir riesgos y mejorar la agilidad empresarial.

Una tendencia estructural

El avance del renting tecnológico refleja una transformación más amplia de la economía, marcada por el paso de la propiedad al uso. Un modelo que ya se ha consolidado en otros sectores y que ahora gana peso en el ámbito tecnológico. En un entorno en el que la innovación es constante y la presión sobre el capital es creciente, las empresas buscan soluciones que combinen eficiencia, flexibilidad y control financiero.

«El renting no es una moda. Es una respuesta lógica a un entorno económico y tecnológico que exige nuevas formas de gestionar los recursos», concluye Fernández.




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