Lo más acojonante es que pasen tantas cosas al mismo tiempo sin que falte ni un ápice de autenticidad en cada una de ellas. Para subir al cielo de Madrid esta Semana Santa había varios caminos distintos. Todos se petaban al toque de un vínculo que los hacía imparables. Los devotos tuvieron en la Puerta del Sol un Calvario convertido en masa de fieles . No se podía dar un paso ni en el kilómetro cero ni en las cercanas calles Mayor o Bailén. Me molestó no llegar a la procesión del Silencio de Carabanchel, pero el año que viene no faltaré. De este modo, mientras en el centro de la ciudad miraba al espíritu de nuestro cristianismo, la plaza...
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