Pocos días antes de la dolorosísima ida a los altares de mi padre, tuve la ocasión de visitar ese feudo cuasi sagrado que es Gómez Cardeña, el cual no había pisado nunca. Al áurea belmontina se sumaba la emoción de saber que Rafael de Paula vivió los años más felices de su vida en aquel campo, cuando don Juan mandaba a su chófer o a Diego Mateos (hijo del mayoral con el mismo nombre) a recogerlo en el barrio de Santiago. «Coge el coche y ve por el gitano», me dijo Mateos que le decía don Juan. Y allá que iba Rafael, lavándose la cara y 'embriagao' de sentimiento cuando escuchaba que el chófer llamaba a la puerta y le...
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