El silencio volverá a ser el protagonista más incómodo en el
Buesa Arena. Este martes, el templo azulgrana se convertirá, por segunda vez en apenas diez días, en un escenario fantasmagórico. Al igual que ocurrió frente al
Hapoel, las gradas permanecerán vacías por estrictas razones de seguridad para recibir al
Maccabi de Tel-Aviv. Un partido de alto voltaje en la
Euroliga que, lamentablemente, se jugará a puerta cerrada, sustituyendo el rugido de la afición vitoriana por el frío eco de las zapatillas sobre el parqué.
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