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La última de los Mitford: la increíble vida de Debo, duquesa viuda de Devonshire y símbolo de una época irrepetible

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Abc.es 
Ella fue la última de los Mitford, la duquesa viuda de Devonshire y su final fue también el adiós a una época que ya no volverá. Deborah Mitford, popular y querida noble, se marchó hace 16 años en un funeral al que asistieron los más 600 empleados de la mansión (cocineros, jardineros, limpiadores, choferes) y tras un cortejo encabezado por el entonces príncipe de Gales, Carlos de Inglaterra, y su esposa Camila. Deborah Vivien Cavendish nació el 31 de marzo de 1920 y coincidiendo con el aniversario de su llegada al mundo los fans de aquel universo de glamour y alta sociedad vuelven sus ojos a la biografía 'Wait For Me', donde pone en sus propias palabras lo que fue una vida realmente increíble. Debo, como era conocida por su círculo íntimo, era la menor de siete hermanos: seis mujeres y un solo varón. Sus padres fueron David, segundo barón Redesdale, y Sydney. Nancy era la mayor de los siete hermanos Mitford, dieciséis años mayor que Debo, y siempre la llamaba Nine (nueve) porque decía que esa era su edad mental. Al igual que la Reina Madre, Debo anhelaba una vida de relativa discreción. Hasta que su cuñado Billy Hartington murió por un disparo de francotirador en 1944 cuatro meses después de su boda con Kathleen 'Kick' Kennedy, hermana de JFK. Cuatro años después, Kick falleció en un accidente aéreo y está enterrada en el cementerio de Edensor, al final del jardín de Debo. En su lápida está grabada la frase: «Alegría que dio. Alegría que encontró». Es uno de los muchos sucesos vinculados a una vida única. Nacida en el seno de una de las familias más peculiares y famosas de la Inglaterra de los años 30 y 40, se casó con un lord que poco tardó en convertirse en duque y ella fue la responsable de convertir el castillo de Chatsworth en uno de los destinos más visitados hoy, símbolo del viejo glamour de una época también vieja. Las seis hermanas Mitford fueron iconos ingleses de aquella primera mitad del siglo XX. Unas eran socialistas, otras comunistas y también había alguna fascista enamorada platónicamente de Hitler. Pero de quien estaba enamorada Deborah era de Elvis Preysler. Coleccionaba recuerdos y todo tipo de memorabilia del rey del rock e incluso llegó a visitar Graceland, la mansión del legendario artista, hasta en tres ocasiones. Al llamar a su casa, el tono de espera era la canción «Jailhouse Rock». Deborah Mitford tuvo una vida nada común y enormemente vibrante, algo que expone bien a las claras la nueva biografía que se publicará en septiembre y de la que ya se han adelantado algunos fragmentos. Vivía varias vidas en una. Por la mañana se ponía ropas de granjeras y por la noche se enfundaba alta costura parisina. Cuidaba a sus gallinas antes de almorzar y terminaba el día en un gran evento social de la mano de su esposo, Lord Andrew Cavendish. Este era el segundo en la línea de sucesión al ducado de Devonshire, pero después de la muerte de su hermano se convirtió así en heredero y, como tal, marqués de Hartington. En 1950, el padre de Lord Hartington fallecía y él se convertía en undécimo duque de Devonshire. Entonces, el matrimonio se trasladó al castillo que el nuevo duque había heredado, Chatsworth, y Deborah lo transformó en un negocio próspero hasta el punto de que a día de hoy es emblemático destino de turistas en Inglaterra. La duquesa mandó instalar cuartos de baño y calefacción, además de reestructurar las tierras para pagar las deudas. Fue todo un éxito y por allí pasarían personalidades como el primer ministro Harold Macmillan, el diseñador Oscar de la Renta o y el pintor Lucian Freud, quien llegó a pintar a Debo en varias ocasiones mientras ella le enviaba los huevos de sus gallinas. Deborah fue el castillo. Mientras la familia ansiaba escapar del campo, Debo siempre fue una auténtica campesina, con sus gallinas, perros, caballos, conejos, la caza, la jardinería, la administración de la finca y todas esas actividades sanas que le fueron de gran utilidad como dueña del hogar, aunque una vez lamentó que las 297 habitaciones de Chatsworth (cifra que varía según la fuente) dificultaran enormemente el adiestramiento de cachorros. El duque también se vio un tanto eclipsado por la mágica y arrolladora personalidad de su esposa, a pesar de que a esta no le gustaba ser el centro de atención. Fue un matrimonio exitoso que duró 63 años. Se quedó viuda en 2004 y fue entonces cuando decidió dejar atrás el castillo, tan lleno de recuerdos, para retirarse a una pequeña vicaría en la finca y permitiendo que su hijo y su nuera tomaran las riendas de Chatsworth. Desde este espacio, se dedicó a escribir y a cuidar de sus amadas gallinas, hasta fallecer en 2014. En 2007 se publicó una selección de 75 años de cartas entre las seis hermanas y algunos lectores encontraron un buen testimonio de los viejos años de gloria. «Creo que no le dábamos mucha importancia a la tristeza», decía Debo. «No éramos sentimentales en exceso. Lo pasábamos por alto. No era algo para lamentarse constantemente», añadía.



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