De todas las imágenes que he visto por el 50 aniversario del Reina Sofía , me quedo con una que refleja lo que es en su máximo exponente: una fábrica de vida. Es de 1989 -y publicada este domingo en un reportaje de ABC sobre los pioneros de este centro-. Se ve a Arantxa , una niña de ocho años trasplantada de corazón . Está en el complejo sanitario con una expresión divertida, la propia para esa edad. Lo impropio, sobre todo cuando aún se debe disfrutar de la niñez, la adolescencia, la juventud, la madurez y la vejez, lo sufrió antes: una enfermedad amenazó trágicamente su porvenir. Una operación en el Reina Sofía la salvó. Le extirparon un destino...
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