"Prio YM", de una urgencia vital a volver a 1,50 metros
"Prio YM" no es un caballo que destaque en la primera impresión. Nació en 2016 en la Yeguada Militar, hijo de "Ibon" y "Espinosa", su físico no llama especialmente la atención, pero sí lo hace su forma de estar en la pista. "Es un caballo humilde, que pasa desapercibido. Bonito porque es negro, con un físico muy normal, pero con mucha personalidad y mucho carácter", explica a LA RAZÓN su jinete, Luis Fernández Gil-Fournier, el cual también montó a sus padres, dentro de su trabajo como militar. Ese carácter peculiar ha sido, desde el principio, uno de los ejes de su evolución. "Es rebelde, no le gusta verse sometido", puntualiza Gil-Fournier.
Con seis años, en Montenmedio, ya competía en condiciones poco habituales. "Lo corría con hackamore -control del caballo sin un bocado tradicional- porque tiene una boca incómoda y difícil, y galopando intentaba quitárselo con las manos… era tremendo", recuerda su jinete. No era un episodio aislado, sino una constante en su manejo. Pero había argumentos para seguir apostando por él. "Siempre ha sido valiente, siempre ha querido estar al otro lado del salto. Pasa las manos de una manera increíble, gatea por encima de los saltos", dice su jinete. Una cualidad que remite directamente a su madre, "Espinosa", una yegua que, sin grandes medios, llegó a competir en pruebas de primer nivel gracias a su actitud. "No tenía mucho, pero hacía lo imposible por estar al otro lado. ''Prio'' es un poco igual". Esa combinación de carácter exigente y capacidad técnica ha condicionado todo su proceso. "Te subes y no quiere andar, pero en cuanto se enciende, no hay quien lo pare", resume el jinete. Inteligente, expresivo y con una forma muy particular de entender el trabajo. "Le gusta saltar, y como le gusta hacerlo, lo da todo cada vez que sale a la pista", comenta.
Con nueve años, su último año de formación, todavía generaba dudas. "Alguna vez pensé en dejar de contrastar con él, porque veía que quizá no iba a llegar a dar el nivel", reconoce Fernández Gil-Fournier. Aun así, decidió continuar. El cambio empezó a notarse en Montenmedio, en pruebas de 1,50 metros, donde respondió con corrección. Después, en Francia, llegaron mejores sensaciones. "En Mâcon, en la prueba de 1,50 del día previo al Gran Premio, hizo cuatro puntos y ahí ya sentí que había bastante más dentro de lo que imaginaba", afirma.
La progresión se confirmó con la victoria en el Campeonato de España de Caballos Nacionales y su participación en el CSIO de Rabat, donde afrontó su primer Gran Premio de cuatro estrellas. "Derribó el A y el C del triple, pero la sensación era que se estaba paseando, que no estaba haciendo grandes esfuerzos", apunta. Más allá del resultado, el caballo transmitía facilidad. En Rabat también se produjo un ajuste en la planificación. La intención inicial era competir con Ibon, pero no terminó de recuperarse de una lesión. "Venía de hacer cero en Mâcon, pero cuando volvió no se movía bien. Lo paramos y empezamos a recuperarlo". Eso llevó a apostar por "Prio YM" en el Gran Premio. "La verdad es que saltó fenomenal".
El siguiente objetivo era el Campeonato de España, pero la preparación se interrumpió de forma brusca. Tras un trabajo previo, el caballo empezó a mostrar dolor evidente. "Me avisaron de que tenía un caballo retorciéndose. Le palpé la zona y tenía un testículo duro como una piedra. Ahí ya me imaginé que era una hernia inguinal", dice. El diagnóstico se confirmó mediante ecografía y la reacción fue inmediata. "Lo evacuamos al hospital. Fue un viaje muy estresante, iba sedado y yo bastante agobiado", relata. En el Hospital La Equina de Manilva fue intervenido de urgencia. "El trabajo fue espectacular. Lo operaron y consiguieron salvarle los dos testículos". Después fue necesaria una segunda cirugía para cerrar los anillos inguinales y evitar que volviera a producirse el problema. A partir de ahí, el proceso de recuperación exigía tiempo. Tres meses de reposo y una reincorporación progresiva, siguiendo las pautas veterinarias. "El problema de estas operaciones es el cierre de toda la musculatura abdominal, porque el caballo soporta su peso sobre esa zona", explica Luis.
La vuelta a las pistas se planteó sin prisas. Primero, recorridos de 1,10 y 1,20 metros en Las Cadenas. Después, una prueba de 1,30 en el RACE. El siguiente paso fue Montenmedio el pasado mes de marzo, subiendo alturas de forma progresiva. En la última semana volvió a competir en 1,50 metros, con cuatro puntos y, al día siguiente, un recorrido sin faltas. "Ahora tengo muchísima ilusión y muchísima esperanza en él", afirma Gil-Fournier.
