Unicornios vs camellos
No importa la manera, pero nos convencieron de que la vida se trata de tener más y más cada día, lo más rápidamente posible. Dos casos específicos: todos los años lanzan nuevos smartphones y lo primero que publicitan es lo potentes que son sus procesadores, aunque la mayoría de nosotros solo usamos los celulares para tareas poco demandantes, como ver videos, scrollear en Instagram y tomar fotos. Y los influencers famosos con cientos de miles de seguidores son las nuevas celebridades: cada año adquieren una casa más grande, un auto más veloz y algunos rentan jets privados, solo para photoshoots.
Lo mismo pasa en el ámbito empresarial. Desde hace una década, más o menos, pareciera que el único modelo de empresa a lograr es el que, con un producto innovador y un poder de persuasión impresionante, alcance una valuación más alta que una que lleva décadas en el mercado, y en tiempo récord. Son publicitadas como las mejores compañías porque alcanzan un estatus de criaturas mitológicas de los negocios: los unicornios, que presumen haber conseguido fondos que nos obligan a abrir y cerrar los ojos para cerciorarnos de que lo que estamos viendo en pantalla no es un error.
En una conferencia, hace tres años, Fernando Ibarra —CEO de Banpay— nos advertía que, aunque las startups unicornio ya existían desde antes de la pandemia (Facebook, Uber y WeWork encabezando las listas), fue en 2021 y 2022 cuando nacieron más unicornios que nunca. Tan sólo en México fueron ocho, un aumento considerable si tenemos en cuenta que en 2020 solo había uno. El único objetivo era juntar la mayor cantidad posible de venture capital para crecer y expandirse de forma acelerada, y alcanzar la soñada valuación de los mil millones de dólares, más allá de poner énfasis en la rentabilidad. Si la estrategia había funcionado antes, ¿por qué no hacerlo de nuevo?
Varios inversionistas se arrepintieron en 2023. De acuerdo con un estudio realizado por el economista Jay Ritter, en ese año cerca del 85% de los unicornios estadounidenses que habían entrado a la bolsa no eran rentables. WeWork (recomiendo ver el documental WeCrashed) quebró y se reestructuró tiempo después; aunque llegó a tener rentabilidad en 2024 y 2025, la compañía está lejos de alcanzar la valuación que alguna vez tuvo. Rivian, fabricante de autos eléctricos, prevé tener un saldo negativo arriba de los dos mil millones de dólares en 2026. Kavak, el primer unicornio mexicano, tuvo que retirarse de Colombia y Perú y sufrió una devaluación de más de 70%. Algunos de los unicornios sobrevivientes se convirtieron en unicornios zombi: reportan muy pocos ingresos, ya no logran atraer capital de riesgo como antes y se aferran al poco brillo que les queda en el pelaje. Esa no es una buena noticia para nadie.
Ante este panorama, es necesario que busquemos la sabiduría de los antiguos empresarios y de las empresas camello, esas que avanzan de manera lenta en busca del oasis llamado rentabilidad, puesto que crecer por crecer no lleva a nada, pero crecer con el objetivo explícito de volverse rentable —negocio que no gana dinero no es negocio— es la clave.
A diferencia de las unicornio, las camello crecen a un ritmo más lento, pero constante y tienen ganancias suficientes como para no depender de los fondos de inversión. Para camellos como Zoom y Grubhub, conseguir un EBITDA favorable y establecer una administración eficaz con prácticas sanas es prioridad porque saben que, una vez que demuestras que tu negocio sí es rentable y que puedes crecer de forma sostenida a pesar de los reveses, llegar a la cima del éxito es sólo cuestión de tiempo. En México también hay unicornios totalmente sanos, como Bitso o Stori.
Ser un humilde, pero persistente camello puede no parecernos tan atractivo como ser un magnífico y vistoso unicornio. Pero en realidad no importa llegar rápido, sino seguir firme en el camino. Paciencia contra velocidad.
