El maná de La Moncloa
No es verdad que nuestros líderes sindicales estén de vacaciones. Simplemente siguen confinados. Cuando gobierna la izquierda, tanto Unai Sordo como Pepe Álvarez son muy respetuosos con las decisiones del Gobierno. Las aplauden todo el rato y no ven motivo alguno para la crítica. Hacen lo que han hecho desde que llegó al poder Pedro Sánchez, a lomos de José Luis Ábalos: estar desaparecidos, sin agenda visible, sin convocar una manifestación o huelga.
A semejante práctica algunos le llaman «jeta». Otros, «cemento armado». Cobran sueldos fabulosos por hacerle la ola a Yolanda Díaz con cualquier propuesta, y reciben subvenciones de todas partes, ora del Gobierno central, ora de las autonomías.
500 millones en estos años de sanchismo, si a los 125 del Ejecutivo español sumamos las ayudas que perciben de las comunidades, los ayuntamientos y las diputaciones. Se supone que para defender los derechos de los trabajadores.
Cosa que en algún caso hacen, aunque en general defienden sus prebendas y estatus de casta acomodada que sólo se moviliza contra la derecha.
No digamos que no trabajan, no. Ellos están siempre ahí, viendo cómo el Gobierno maquilla el paro real con el ardid de los fijos discontinuos, contemplando sin inmutarse cómo la clase media pierde poder adquisitivo cada día, cómo el Gobierno engorda sus arcas a costa de no deflactar el IRPF.
Sí que protestan, sólo que generalmente contra Isabel Díaz Ayuso, haya o no motivo para ello. Cuando la pandemia, porque en Madrid se abrían los bares mientras se cerraban en el resto de España.
O porque a la presidenta de la Comunidad de Madrid se le ocurrió montar un hospital exclusivo para el Covid. O por la educación, el medio ambiente o lo que fuere. Madrid es tan grande que se olvidaron de lo demás. Sobre todo, de las regiones donde gobierna la izquierda.
Ahora han encontrado el aliciente mayor de las elecciones andaluzas, y anuncian que la gran manifestación del 1 de mayo será en Málaga. No para destacar los grandes avances experimentados por la ciudad desde que gobierna Paco de la Torre, sino porque es viernes, Málaga queda más cerca de la playa que Madrid, la gamba de Alborán es exquisita y hay que echar el resto contra Juanma Moreno, no vaya a ser que saque mayoría absoluta. Han recibido la orden de Moncloa y van prestos a ensuciarle la campaña a Bonilla aireando la farsa de los protocolos de las mamografías. Los protocolos los hizo Marisú, en sus tiempos de consejera de Salud, pero no importa.
Tampoco importa que las víctimas de Adamuz estén denunciando la nefasta gestión de Óscar Puente en el mantenimiento de las vías del AVE. Puente quiere liberarse de toda culpa endosando la responsabilidad por los 46 muertos al presidente de la Junta de Andalucía. En los primeros días de la tragedia se deshizo de elogios a Moreno por considerar que la actuación de Emergencias fue inmejorable. Ahora, como los familiares de las personas fallecidas culpan al ministro por negligencia, han montado la estrategia de desviar la responsabilidad al 112, como si fuese culpable del retraso en más de una hora en avisar de la tragedia.
La responsabilidad era de Adif y de Puente, igual que era responsabilidad de ambos detectar el fallo en la soldadura de la vía y la rotura de un carril, causa del descarrilamiento.
Los sindicatos no van a Málaga a defender a las víctimas ni a protestar porque la línea de Alta Velocidad siga cortada. Van a endosarle el mochuelo a Moreno. A apoyar a Marisú. Y a agradecer a Sánchez por el maná que les da, en pago por permanecer mudos pese al deterioro creciente de los servicios en España y las condiciones de vida de los trabajadores.
