Es el naufragio total del Celta, un barco a la deriva golpeado con severidad por el Friburgo alemán que consigue un 1-6 global en la eliminatoria después de ganar también en Balaídos (1-3). El Celta se despide de la Europa League en los cuartos de final con una imagen lamentable. Todo le sale mal al Celta en una tarde que se anunciaba de esperanza y fábula, relato de ilusión para las generaciones de seguidores del equipo gallego. Casi media hora antes del comienzo del choque a una hora inusual (18:45), está prácticamente lleno Balaídos. Es la expectación de conseguir lo improbable, remontar tres goles a un equipo alemán que se ha manejado con solvencia y rotundidad en el partido de ida (3-0). La gente sueña con el fútbol lo que a veces no es capaz de imaginar en su propia vida. Pero el Friburgo es un equipo con cuajo y sensatez, idea colectiva de juego, sin estrellas reconocibles, que le amarga la tarde al cuadro de Claudio Giráldez. Lo hace todo simple y eficaz, Alemania en esencia, sin florituras. Presión atosigante, rapidez en la combinación, victorias en los duelos individuales... El Celta se consume en la desesperación de los minutos sin aproximarse a la portería teutona. Un dato eleva la impotencia al descanso: los jugadores gallegos no han obligado al portero Atubolu a realizar ni una sola parada. Entre medias, el Friburgo consigue dos goles de brillante ejecución. En el primero, un desmarque a la espalda de los defensas rivales, el toque de cabeza sin fuera de juego y el zurdazo inapelable de Matanovic desde muy larga distancia. El segundo es una labor coral. El robo de balón, el pase hacia la izquierda, la devolución intencionada hacia el corazón del área y el gol de Suzuki. En tres minutos todo la ensoñación de Balaídos se viene abajo con el equipo, que no reacciona a la paliza de 5-0 en el total de la eliminatoria. Giráldez quiere modificar al menos la sensación de debacle con cuatro cambios en el descanso, incluido el icono Iago Aspas. Pero nada cambia porque el Celta está destruido y sin remedio. Lo que viene a continuación es una toalla arrojada al suelo, que se representa en la manera de defender de Marcos Alonso parado y al trote en la jugada del tercer gol alemán, que consigue otra vez Suzuki. El Friburgo relaja un tanto el paso y no hace más sangre. El Celta quiere al menos lograr un gol para recompensar a la gente que aguanta en el estadio sin pestañear, aunque ya se escuchan pitos. En el minuto 60 chuta por primera vez a puerta, un falta de Iago Aspas. El resto del partido sobra. El Friburgo reserva jugadores, da descansos, no quiere más y el Celta aprovecha para generar alguna ocasión que fructifica con un gol de Swedberg.