Hay casas en las que se cocina como se ha hecho siempre, pero con la seguridad de quien conoce bien el terreno que pisa. En Villanueva de Córdoba, el Mesón Rural Don Rollero lleva años afinando una propuesta donde se va a comer bien, con sabor y con productos de verdad. En pleno Valle de Los Pedroches, la despensa manda, y eso se nota en cada plato. Lo que comenzó como un bar de barrio ha ido creciendo hasta convertirse en un restaurante de referencia en la zona, manteniendo intacta su esencia. Detrás está Andrés Cano , que prácticamente ha crecido entre estas paredes y ha sabido llevar el negocio hacia una cocina honesta donde cada receta se hace intentando respetar el producto lo máximo posible. Si hay un plato que define la identidad de Don Rollero es, sin duda, su lechón frito. No es una receta más dentro de la carta, es el motivo por el que muchos llegan hasta aquí. La clave está en el origen, ya que el propio establecimiento cría los animales, controlando todo el proceso desde el campo hasta la mesa. El resultado es un bocado directo, sin maquillaje. Apenas sal y el punto justo de fritura para conseguir una carne jugosa por dentro y crujiente por fuera. Un equilibrio sencillo en apariencia, pero difícil de ejecutar sin un conocimiento profundo del producto. La carta de Don Rollero recorre el recetario tradicional andaluz sin desviarse de lo esencial. En los entrantes, conviven propuestas frescas como la ensalada de la casa o la de langostinos en tempura con clásicos como la ensaladilla rusa , los boquerones en vinagre o el paté casero al Pedro Ximénez. No faltan los imprescindibles de barra: jamón ibérico de bellota DOP Los Pedroches, queso curado de oveja o tostas de ahumados . Todo pensado para compartir, para abrir mesa y dejar que la conversación fluya entre platos. Aunque la carne tiene un peso importante, la cocina de Don Rollero también mira al mar. Las frituras ocupan un lugar destacado, con opciones como puntillitas, calamares, cazón en adobo o una fritura variada que resume bien esta tradición tan arraigada en Andalucía. A esto se suman platos como el pulpo a la plancha sobre parmentier, el bacalao gratinado o la merluza con salsa cremosa de gambas , que amplían la carta sin perder el hilo conductor de su cocina. Si hay un producto que define este territorio es el cerdo ibérico, y en Don Rollero se trabaja con conocimiento y respeto. Presa, pluma o secreto ibérico forman parte de una oferta que pone en valor la calidad de la materia prima local. A esto se suman elaboraciones como la carrillada al Pedro Ximénez o el rabo de toro , platos que requieren tiempo, paciencia y oficio. También hay espacio para carnes menos habituales como el ciervo, presente en una de sus hamburguesas, o el cordero de la zona. El espacio acompaña esa idea de cocina cercana. Barra para el tapeo rápido, salón para comidas más pausadas y terraza para quienes prefieren alargar la sobremesa. Lo clásico marca el camino. Incluso en los postres se mantiene esa línea casera, con elaboraciones que ponen el broche final sin estridencias. Entre ellos, el tiramisú se ha ganado su propio hueco como uno de los imprescindibles . En Don Rollero no hay intención de reinventar nada, y probablemente ahí resida parte de su éxito. La propuesta es clara: producto, tradición y una forma de cocinar que entiende que el sabor no necesita adornos cuando la base es buena. Y en Los Pedroches, eso, es casi una garantía.