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La historia que esconde ‘Compañera’, de Adrián Goizueta: dictadura, cárcel y exilio

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Han pasado 50 años. Empezaba una página en la República Argentina que todavía escuece. Las dictaduras militares estaban de moda en nuestra América y las armas apuntaban contra los trabajadores, los militantes políticos, los periodistas y, ¡claro!, los estudiantes.

Ella, Susana Fevrier; él, Adrián Goizueta. Jovencitos ambos. Soñadores; comprometidos con la construcción de un país mejor, de una sociedad con más democracia y menos injusticia. Semejantes cosas, que se dicen fácil, resultan peligrosas.

La noche más oscura había caído sobre Argentina. El golpe de Estado cívico-militar impuso una junta de las Fuerzas Armadas cuyo primer líder fue el nefasto Jorge Videla. La dictadura se prolongó por casi ocho años.

La contabilidad del espanto no está concluida. Decenas de miles de presos políticos. Decenas de miles de desaparecidos. Al menos medio millar de bebés robados a sus madres secuestradas por la represión. La herida todavía duele, como lo siguen recordando las Abuelas de Plaza de Mayo a los que quisieran olvidar.

Adrián y Susana tuvieron que escapar de la violencia y la persecución. Se sabían amenazados; las calles y las casas de su típico barrio bonaerense –hermosas y cargadas de historia– ya no eran seguras; en cualquier momento los militares pondrían bota sobre ellos. Y se fueron al exilio, al igual que miles de argentinos.

Llegaron a Costa Rica. Creo que él llegó primero y ella, un tiempito después, con sus dos hijos de un año y medio y tres meses.

Aquí, Adrián hizo música, música de la buena, a veces con sabor a tango, otras veces a Tiquicia y a Centroamérica, pero siempre universal y valiente, siempre aspirando a que las letras invitaran a soñar con un mundo mejor.

Susana, comunicadora por excelencia, hace radio y audiovisuales, y de las pantallas y los micrófonos ha hecho enormes pizarrones para enseñar cosas nuevas y retadoras a estudiantes, a pequeños agricultores, a mujeres del campo y la ciudad, con voz aterciopelada y perfecta dicción.

Hasta hace pocos días, cada vez que yo escuchaba a Adrián cantando ese himno que se llama Compañera se me antojaba que era dedicado a Susana.

Compañera, nos hicimos uno al otro

En la dulce celda oscura de tu vientre

Compañera, nos hicimos uno al otro

En la dulce celda oscura de tu vientre…

No quise quedarme con la duda y, tratando de ser prudente (que no es mi rasgo principal), un día de estos, casi de puntillas y con tono respetuoso (porque la inesperada partida de Goizueta está muy fresca), le pregunté:

—Susana, ¿sos vos la compañera a la que canta Adrián? Es que hay frases que me parece que hablan de ustedes y de esa relación tan especial que sobrevivió al oleaje fuerte y a las aguas mansas, un amor impregnado de amistad que dio tres hijos hermosos y sensibles, y nietos para amar; una complicidad que duró toda la vida aun cuando ya no eran marido y mujer. ¿Sos vos la mujer de la canción que arrancaba aplausos en cada concierto?

Mi inoportuna y poco delicada pregunta me permitió conocer otra historia.

Susana me contó que no, que Compañera era una de las canciones de Desde la cárcel, una cantata que crearon juntos a partir de textos y poemas escritos por presos políticos argentinos, ventanitas de luz que abrían en sus celdas durante aquella noche que empezó en 1976 y se prolongó hasta 1983.

Los textos salieron clandestinamente de las cárceles y llegaron a México, donde más tarde se produciría el disco Desde la cárcel, de Adrián Goizueta y el Grupo Experimental. Con el regreso de Argentina a la democracia y la liberación de los presos políticos, Goizueta conoció a Luis Salinas, autor del poema en la cárcel Unidad 9 de La Plata y, desde ese momento ,firman juntos esta canción emblemática.

Pero Adrián sí le dedicó una canción a Susana. Se titula Sabés qué y, precisamente, habla de tempestades y de hojas serenas en el viento.

Sabes qué

Que te miro pasar

Te veo correr y a veces volar

En nuestra casa,

Entre tormentas

Librando batallas

Y te quiero decir:

Me gustan tus ojos

Porque hablan

De las horas, de las calles y del tiempo...

Porque en ellos se miran tempestades

Y una hoja serena en el viento...

Sabes qué

Que me oigo decir

Que te miro mirar

Y nos veo crecer

En nuestros hijos

En nuestros pasos

Desandando la noche

Caminando hacia el sol...

Y cuando Goizueta la cantaba, también arrancaba aplausos y coros del público, quizá por el sentimiento y la ternura que le ponía.

patricia.leon0904@gmail.com

Patricia León Coto es periodista.




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