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Rafa Jódar acude al rescate del Mutua Madrid Open

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Un crío de 19 años y que ya es el 42 del mundo acudió al rescate del Mutua Madrid Open. Rafa Jódar superó la primera ronda en la Caja Mágica con un partido agónico ante el neerlandés Jesper de Jong. Fueron dos horas y 32 minutos de pelea en su bautismo en la Manolo Santana. El 2-6, 7-5 y 6-4 habla de comienzo que se atragantó y de una remontada que dejó pistas de un jugador muy interesante y con una derecha que puede dar muchas alegrías. En segunda ronda espera ni más ni menos que Álex de Miñaur.

Jódar es el gran relato de lo que va de temporada en la ATP. En poco más de un año ha subido casi 900 puestos en el ranking y entre su tenis y las circunstancias del torneo todos los focos de la Caja Mágica le apuntaban. La progresión del madrileño de 19 años en los últimos meses ha sido escandalosa. Hace dos-tres años, el jugador criado en el Club de Tenis Chamartín ejercía de "sparring" en el torneo. No mucho antes, cuando era un niño, acudía como espectador. La organización decidió invitarle hace semanas, pero su sprint en las últimas fechas le llevó al cuadro principal por derecho propio. Levantó el título en Marrakech, fue semifinalista en Barcelona y compareció en su casa con 15 victorias en 23 partidos. Por todo eso y por la ausencia de Alcaraz, su estreno fue programado en la Manolo Santana y en el horario estelar de la primera jornada del cuadro masculino. Aún así no había ni media entrada en la central y eso siendo generoso. Para mirárselo. Enfrente estaba Jesper de Jong, un neerlandés que llegó a ser "top 70" y ahora es el 109 del mundo.

Su comienzo fue tan deslumbrante como su temporada. Con su servicio se situó con 40-0 con tres golpes soberbios: una derecha, un "ace" y un revés paralelo a dos manos. Pero en la fiesta se encendieron las luces demasiado pronto. El neerlandés mostró una frialdad y una consistencia ajenas a su ranking. Su tenis tiene un poco de todo, pero es demasiado irregular. Para empezar toco la mejor versión posible. Firmó un "break" firmando una dejada que podría haber ejecutado un tal Carlitos Alcaraz. La ausencia de nervios, que es una de las virtudes del de Leganés, le permitió igualar la rotura, pero es que De Jong se empeñó en dar un disgusto a Feliciano López, que presenciaba atento desde su palco el partido. Sumó tres juegos seguidos el neerlandés con una colección de golpes notables, devolviéndolo todo y con Jódar estrellándose con la realidad. Sus cuatro primeros turnos de saque no los pudo defender. Y eso hipoteca cualquier partido en un Masters 1.000. Esa realidad es la que había apuntado el propio Rafa antes de su debut. A Madrid llegaba a aprender. Por si alguien se esperaba lo contrario y daba por supuestos unos hipotéticos cuartos de final con Sinner. "Yo no me he puesto nunca un objetivo. Creo que tengo que ir torneo a torneo porque es todavía mi primer año en el circuito. Estoy descubriendo muchas cosas porque todo es nuevo para mí", apuntaba.

De Jong cerró el primer set con comodidad pese a las concesiones en forma de dobles faltas. La clave estaba precisamente en el servicio. Con un 50 por ciento de puntos ganados con el primero y un 22 con el segundo era imposible que Rafa empeorase en ese apartado. Por eso cuando necesitó seis minutos para apuntarse el primer juego del segundo set con su saque, el primer paso estaba dado.

En Jódar hay muchas cosas peculiares. Una de ellas es su box. Acostumbrados a una presencia masiva de entrenadores, fisios, agentes, familiares... allegados de todo tipo. En el palco estaba sólo su padre que, aunque trataba de disimular, estaba incluso más tenso que su hijo. Su madre no se perdió el partido, pero se encontraba en otro punto de la Manolo Santana.

El partido avanzaba en un formato más estándar que el del primer set. El saque de Jódar se situaba en unos parámetros normales. Y eso le permitía asentarse en una pista muy diferente a la que había pisado en Barcelona. Entre el bote de la bola y que corre bastante más que en el Godó, el que estaba tan a gusto era De Jong. El partido al menos se equilibró. Cada uno resolvió sus cuatro primeros turnos de saque sin los apuros del primer parcial. Cuando llegaron las curvas, Jódar logró por primera vez soltarse. Salvó dos bolas de "break" del neerlandés y se sintió más cerca del jugador que pisó Marrakech y Barcelona. Así fue capaz de salvar un 0-30 en su siguiente turno de saque y cuando apretó el servicio de De Jong la raqueta de enfrente tembló.

Con dos horas en la central, Jódar sintió que su derecha empezaba a soltarse. Con 19 años es su mejor golpe. Es capaz de cambiar dirección con facilidad y cuando está pisando la línea de fondo tiene gestos que incluso recuerdan a Sinner. Cuando se liberó llegó a situarse con 3-1 y servicio para dejar encarrilado el partido. Ahí se revolvió De Jong. El neerlandés quería más pelea y fue capaz de regresar. Jódar se mantuvo firme pese a reclamar la presencia del fisioterapeuta que trabajó en un par de parones con su pierna derecha. No titubeó. Se mostró sólido con su saque y al resto, con una derecha, cómo no, resolvió su pase a segunda ronda. Dejó caer la raqueta, alzó los brazos, los extendió y miró a su padre. Ambos sonrieron. No fueron los únicos.




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