Trump estudia una ofensiva relámpago contra Irán mientras el bloqueo naval eleva la presión económica
La Casa Blanca analiza nuevas opciones para golpear a Irán mientras el presidente Donald Trump endurece su pulso con Teherán y convierte el estrecho de Ormuz en el nuevo epicentro de la crisis global. El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) ha preparado un plan para una oleada de ataques “corta y poderosa” contra objetivos iraníes, centrados en infraestructura estratégica. El documento fue presentado a Trump por el comandante del CENTCOM, el almirante Brad Cooper, en una reunión en la que también participó el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine.
La ofensiva sería una de varias alternativas sobre la mesa. Otra contempla una operación militar para tomar el control parcial del estrecho de Ormuz y reabrir el paso a la navegación comercial, actualmente paralizada tras el cierre impulsado por Irán. Una tercera opción, aún más delicada, incluiría el despliegue de fuerzas especiales para asegurar las reservas iraníes de uranio altamente enriquecido.
El mensaje de la Casa Blanca es claro: aumentar al máximo la presión militar y económica para obligar a Teherán a aceptar un nuevo acuerdo nuclear bajo condiciones estadounidenses.
Trump ha insistido en que el programa nuclear iraní representa una amenaza inminente. “No vamos a permitir que Irán tenga armas nucleares”, repite desde hace semanas. Teherán, por su parte, niega estar desarrollando armamento atómico y sostiene que su programa tiene fines civiles dentro de los límites del Tratado de No Proliferación Nuclear.
Pero mientras la diplomacia permanece congelada, la crisis se traslada al terreno económico.
La administración estadounidense mantiene un bloqueo naval sobre el tráfico marítimo iraní que se extiende desde el Golfo de Omán hasta el mar Arábigo. El objetivo es asfixiar las exportaciones energéticas de la República Islámica. Los efectos ya son visibles.
Antes del bloqueo, Irán exportaba alrededor de 2,1 millones de barriles diarios de petróleo. Ahora esa cifra ha caído hasta unos 567.000 barriles por día, según datos de la firma de seguimiento marítimo Kpler. Un funcionario de la Casa Blanca aseguró a CNBC que Teherán está perdiendo cerca de 500 millones de dólares diarios.
El problema para Washington es que el colapso económico iraní podría tardar más de lo que Trump espera. Expertos han advertido de que Irán se preparó durante años para un escenario como este. El régimen dispondría así de al menos 26 días de capacidad de almacenamiento terrestre y flotante antes de verse obligado a reducir drásticamente su producción petrolera.
Expertos estiman que Irán podría resistir hasta 76 días si utiliza buques sancionados como almacenamiento adicional y reduce gradualmente la producción. Además, mantiene unos 120 millones de barriles cargados en barcos fuera de la zona del bloqueo que todavía podrían venderse, principalmente a China.
Mientras tanto, el impacto global empieza a sentirse. Por el estrecho de Ormuz pasa aproximadamente el 20% del petróleo y gas natural licuado que se comercializa en el mundo. La interrupción parcial del tráfico ha disparado la volatilidad en los mercados energéticos y amenaza con elevar aún más la inflación internacional.
El propio Trump elevó la tensión el pasado fin de semana al asegurar que la infraestructura petrolera iraní está “a días de explotar” por la acumulación de crudo sin exportar.
Sin embargo, especialistas del sector energético han desestimado esa afirmación explicando que Irán aún tiene margen suficiente para reducir su producción de forma ordenada sin provocar daños permanentes.
En paralelo, Teherán amenaza con responder militarmente. Un alto funcionario de la Guardia Revolucionaria advirtió este jueves que cualquier ataque estadounidense, incluso limitado, desencadenará ataques “largos y dolorosos” contra posiciones militares de Estados Unidos en la región.
“Ya vieron lo que ocurrió con sus bases regionales. Lo mismo pasará con sus buques de guerra”, declaró el comandante de la Fuerza Aeroespacial iraní, general Majid Mousavi.
El riesgo para Trump es evidente: una operación militar breve podría transformarse rápidamente en un conflicto prolongado en Medio Oriente, precisamente en plena campaña electoral y en un momento en que una parte importante de la opinión pública estadounidense rechaza una nueva guerra.
Pero el presidente parece decidido a elevar la apuesta.
La gran incógnita ahora no es si Washington tiene capacidad militar para golpear a Irán. La pregunta es si Trump está dispuesto a asumir el coste político, económico y estratégico de abrir otro frente bélico cuyo final nadie puede garantizar.
