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Las educadoras infantiles toman el centro de Madrid tras un mes en huelga: “Estamos totalmente desbordadas”

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La Puerta del Sol se ha llenado esta tarde del color amarillo que lucían las cientos de personas en sus camisetas de apoyo a la huelga indefinida de las educadoras infantiles, quienes reivindican una bajada de ratios y un aumento del salario, que roza el SMI, como forma de evitar precarizar la infancia

Salarios, ratios y reconocimiento: la educación infantil va a su primera huelga general en España

Justo cuando se cumple un mes del inicio de la huelga indefinida de las educadoras infantiles en la Comunidad de Madrid y después de que el paro se haya extendido a todo el territorio nacional, estas profesionales han sacado músculo en la Puerta del Sol. Esta tarde, una marabunta amarilla ha reivindicado la bajada de ratios y el aumento del salario, que en la actualidad roza el salario mínimo interprofesional (SMI), de cara a poder ofrecer el cuidado y acompañamiento que las criaturas de 0 a 3 años se merecen. “Esta huelga ya es histórica. Tenemos que hacer ver que nuestra situación es precaria, y que precariza a la infancia”, ha defendido María Pizarro.

Ella es una de las tantas educadoras que ha acudido al kilómetro cero madrileño para hacer valer sus demandas. Se define como privilegiada, pues trabaja en una escuela infantil del Ayuntamiento de la capital de gestión indirecta: “Al menos, nosotras tenemos pareja educativa. Hay cuatro ojos para estar pendientes de todos los niños y niñas, y en nuestro caso las ratios son algo más bajas”, introduce.

No siempre se tiene esa suerte. La diversidad de tipología de estos centros hace “insostenible”, tal y como remarca la misma Pizarro, que se pueda dar una atención de calidad. “A veces, llegan a ser hasta 20 niños en el aula. Así es imposible”, ha añadido mientras a su alrededor se escuchaban cánticos como “no guardamos, educamos”, “lo llaman guardería y no lo es, es educación y no conciliación” y “qué viva la lucha del 0-3”.

Jorge Abad, quien secunda los paros desde que se iniciaron el pasado 7 de abril, ha recalcado que “pedimos que todos los niños tengan las mismas posibilidades y calidad en su educación”. Por ello, propugna que las ratios lleguen a homogeneizarse con los de la Unión Europea. Si actualmente cuidan y acompañan por aula a ocho bebés de 0 a 1 año, 14 bebés de 1 a 2 años y hasta a 20 criaturas de 2 a 3 años, luchan por reducir esas cifras casi a la mitad, a cuatro, cinco y siete bebés, respectivamente.

Demasiada responsabilidad, poco reconocimiento

Este trabajador de una escuela municipal del Consistorio madrileño incide en que las condiciones en las que se encuentran tienen graves efectos en el desarrollo de la infancia. Además, es algo que se resiente en el día a día. Así lo ejemplifica: “Si estás con 20 niños y uno tiene que ir al baño, dejas a 19 solos. Si uno te necesita y surge otro conflicto, no puedes darles la atención que requieren. Son edades en las que aprendes a saber llevar muchas emociones, por eso reivindicamos que bajen las ratios, para que la atención pueda ser mucho más personalizada”.

Estas profesionales también reclaman que su calendario escolar se asemeje al del segundo ciclo de infantil. De esta manera, evitarían llevarse todo el trabajo burocrático y de preparación pedagógica a casa una vez superada su jornada laboral. Por otro lado, a pesar de lo que mucha gente pudiera pensar, igualando a las cuidadoras con maestras, en este sector también trabajan el mes de julio.

Rocío García ha llegado a la Puerta del Sol tras toda una jornada de lucha en Madrid. Vecina de Morata de Tajuña, trabaja en una escuela infantil municipal de Alcalá de Henares, pero de gestión indirecta. “Estamos totalmente desbordadas. Ya no es solo nuestro trabajo en el aula, es que mi nómina es de 1.096 euros. Tenemos mucha responsabilidad para lo poco que se nos reconoce, porque nosotras hemos estudiado un grado superior y hasta magisterio”, ha criticado.

Mientras las concentradas, 700 según Delegación del Gobierno, hacían ruedo con silbatos, cacerolas y hasta panderetas, esta educadora infantil ha denunciado que parte de la sociedad todavía ve a su sector como si fuera una guardería. “No somos un sitio para aparcar a tu hijo mientras trabajas y donde solo cambiamos pañales y coloreamos. Aquí aportamos toda la base de la educación, donde trabajamos en valores, en autonomía y autoestima”, ha afirmado.

La huelga como sacrificio

Pizarro, afincada en Madrid, asegura que con sus salarios es “imposible” crear un proyecto personal en la capital. “Hay compañeras con más de 40 años que siguen viviendo con sus padres porque no se pueden permitir ni un alquiler”, ilustra. Desde su punto de vista, esta es otra forma de “precarizar la profesión”. Por eso, exigen que las Administraciones, ya sea el Gobierno regional o municipal, aumenten la partida para salarios en sus pliegos de condiciones de cara a ganar una licitación.

En este sentido, García ha recalcado que con los salarios tan bajos que perciben “hasta hacer huelga se convierte en un lujo”. Algunas de sus compañeras no secundan el paro por este motivo. “Acaba siendo un sacrificio tanto para las que perdemos el dinero y vamos a la huelga como para las que le gustaría hacerlo y no pueden”, ha explica esta educadora alcalaína. Diversas acciones intentan paliar esta realidad, ya sea a través de una caja de resistencia o la organización de mercadillos solidarios en los que intentan reunir fondos para resistir los paros.

Unas aulas sin aclimatar para julio

El hartazgo de este sector educativo ha llegado tras aguantar un cómputo de grandes gotas que han rebosado un vaso ya demasiado lleno de partida. Entre estos factores, se encuentra el estado en el que se ven obligadas a desempeñar sus funciones. “En muchas escuelas no hay ni toldos para que las criaturas se resguarden del calor en verano, ni tampoco aire acondicionado. Tampoco hay calefacción central para el invierno, cuando las criaturas de las edades más tempranas no dejan de arrastrarse por el suelo”, se ha explayado Pizarro.

García, por su parte, ha añadido que es “sorprendente” que los colegios e institutos cierren más allá de mediados de junio por las altas temperaturas pero que las escuelas infantiles permanezcan abiertas en julio. “Trabajamos con niños de 0 a 3 años, mucho más vulnerables, y sufrimos ola de calor tras ola de calor. A veces tengo miedo de que a los bebés les pueda pasar algo”, ha reconocido. A ella ya le ha pasado. Un día, le dio un golpe de calor, y las quejas de compañeras de trabajar con dolor de cabeza o mareadas por las altas temperaturas suelen ser constantes, según su relato.

Prescindibles y esenciales al mismo tiempo

La protesta ha llegado a su fin con la lectura de un manifiesto cuando el sol ya había aparecido tras una tarde lluviosa. “Hoy denunciamos alto y claro una contradicción que llevamos años sosteniendo sobre nuestras espaldas: cuando se trata de derechos, financiación y reconocimiento, se nos considera prescindibles. Cuando se trata de sostener el sistema y garantizar la conciliación, se nos declara esenciales”, han expresado.

Cientos de personas arremolinadas en torno a un micrófono escuchaban con atención: “No se puede ser invisibles para lo importante y obligatorias para lo urgente. Las escuelas infantiles no somos solo un recurso asistencial. Somos educación. Somos la base del desarrollo motor, emocional, social y cognitivo de la infancia. Y, sin embargo, seguimos siendo una etapa precarizada, infravalorada y constantemente cuestionada”, han finalizado. Tras esta jornada de lucha, un solo cántico quedaba suspendido en el aire: “Aquí está, sí se ve, la fuerza del 0-3”.




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