El alquerque, algo más que un juego
Los tableros de juego grabados sobre piedra constituyen uno de los testimonios más curiosos y menos conocidos de la cultura material medieval. Entre ellos destaca el alquerque, un diseño geométrico ampliamente documentado en iglesias, monasterios, castillos y edificios históricos de toda la Península Ibérica. Aunque tradicionalmente se han interpretado como simples juegos utilizados durante los momentos de ocio en el periodo deconstrucción del edificio, investigaciones recientes han demostrado que muchos de estos grabados poseen una dimensión mucho más compleja, relacionada con el simbolismo, la protección y la propia concepción medieval del espacio sagrado.
El término “alquerque” procede probablemente del árabe «al-qīrq», el juego, o «al-qarīq», sitio plano, un antiguo juego de mesa de estrategia para dos personas. Uno de los testimonios de la influencia cultural islámica en la transmisión de este tipo de juegos hacia Europa occidental. Aunque existen antecedentes antiguos en diversas culturas mediterráneas, su difusión en la Península Ibérica medieval se intensificó a partir del contacto con el mundo andalusí. En el «scriptorium» toledano de Alfonso X estos tableros fueron recogidos en el «Libro de axedrez, dados e tablas» de redactado en el siglo XIII, donde aparecen descritas sus reglas y diferentes modalidades de juego, siendo un antecedente claro del conocido juego de damas.
Los alquerques medievales presentan varias formas básicas. El más sencillo es el de cinco, compuesto por un cuadrado atravesado por líneas diagonales y centrales, similar a las tres en raya. Más conocido resulta el alquerque de nueve, formado por tres cuadrados concéntricos unidos entre sí mediante líneas rectas. Finalmente, el alquerque de doce desarrolla una estructura más compleja basada en subdivisiones cuadrangulares cruzadas por diagonales. A pesar de las variaciones existentes, todos mantienen una geometría regular y fácilmente reconocible.
Lo más sobresaliente de estos objetos es que aparecen frecuentemente en los muros de iglesias y catedrales, hecho que ha llamado a atención de investigadores generándose todo tipo de teorías. Uno de los estudios más interesantes sobre este fenómeno es el análisis de los juegos de tablero conservados en la catedral de Ourense documentándose numerosos alquerques grabados en diferentes zonas del edificio, especialmente en bancadas adosadas al muro sur, escaleras y otros espacios secundarios.
Fenómeno extendido con el románico
Si bien la catedral de Orense alberga numerosos ejemplos no es un caso único, sólo hay que fijarse bien los muros de múltiples iglesias románicas de la provincia de Soria, en Burgo de Osma aparecen en la iglesia románica de San Pedro y en la de San Miguel Arcángel. También hay alquerques en los muros de San Bartolomé de Ucero, San Martín de Finojosa en Aguilera y en la iglesia de Bocigas de Perales. Otros casos se encuentran en Portugal, Cataluña y sur de Francia, siendo un fenómeno extendido con el románico, lo que subraya que no se trata de un fenómeno local sino una práctica cultural extendida por la Europa medieval. La explicación dominante consideró estos grabados como tableros realizados para jugar durante momentos de ocio en las fases constructivas. Según esta interpretación, canteros, soldados o habitantes de los edificios habrían aprovechado superficies pétreas para grabar los diseños y utilizarlos como entretenimiento utilizándose después el tablero en la construcción del edificio.
Otra teoría estableció que estos dameros grabados en piedra se insertaban en bancadas en los atrios con una finalidad lúdica y de encuentro en los espacios marginales no litúrgicos. Sin embargo, muchos de los alquerques que aparecen en los edificios son demasiado pequeños, lo que no permitiría una partida cómoda. Si bien la interpretación lúdica y el reaprovechamiento del tablero encaja con criterios racionales, llama la atención la localización de los alquerques dentro de los edificios, y en espacios funerarios. Se han documentado alquerques grabados sobre lápidas sepulcrales, sarcófagos y otros elementos vinculados a enterramientos lo que hace difícil su explicación exclusiva como tableros de juego.
Es frecuente encontrarlos en espacios considerados liminales, es decir, zonas de transición como puertas, ventanas, galerías porticadas o accesos a recintos amurallados. En la mentalidad medieval, estos lugares eran especialmente sensibles y necesitaban protección frente a influencias negativas. Desde un punto de vista crítico resulta evidente que no todos se pueden interpretar de la misma manera, siendo complejo cuando debe primer la función lúdica o simbólica sin que estos dos componentes estén separados en la mentalidad medieval. En la Edad media se concebía el espacio construido como un entorno cargado de significados religiosos y simbólicos, por ello, numerosos elementos aparentemente decorativos o funcionales poseían también valores espirituales y protectores.
En este sentido, los alquerques constituyen un excelente ejemplo de la complejidad simbólica medieval. Lejos de ser únicamente simples entretenimientos grabados sobre piedra, muchos de ellos formaron parte de una cultura visual destinada a proteger edificios, delimitar espacios y reforzar la dimensión sagrada de determinados lugares protegidos del mal y de los peligros del mundo.
