La Casa de Pilatos acogió este miércoles una velada necrológica en homenaje al periodista y activista patrimonial Pablo Ferrand, fallecido recientemente en Sevilla a los 68 años. El acto, organizado por Asociación para la Defensa del Patrimonio de Andalucía y la Fundación Casa Ducal de Medinaceli, reunió a representantes del mundo de la cultura, el periodismo y el patrimonio para recordar la figura de quien dedicó buena parte de su vida a defender la ciudad frente a los mil y un enemigos que no solo nos hicieron perder las calles y plazas. El encargado de abrir el homenaje fue el Ignacio Medina, duque de Segorbe, que recordó una amistad que se remontaba décadas atrás y que también había unido a Ferrand con su padre, el escritor Manuel Ferrand. «Creo que es injusto que este homenaje, tan merecido, no haya podido vivirlo él mismo », lamentó el aristócrata y presidente de honor de ADEPA, antes de subrayar la importancia de la labor desarrollada por el periodista en defensa del patrimonio sevillano. El duque evocó los primeros contactos de Ferrand con las iniciativas conservacionistas impulsadas desde Adelfa y posteriormente desde ADEPA: «Desde entonces no dejamos de vernos y colaborar juntos». También recordó cómo el periodista compartía con él ejemplos de protección patrimonial observados en otros países: «Era raro que Pablo no me llamara después de alguno de sus viajes para contarme los buenos ejemplos de protección del patrimonio que veía fuera, lamentándose siempre de que aquí no supiéramos o no quisiéramos copiar aquellos modelos». En uno de los momentos más duros de su intervención, Ignacio Medina contrapuso la figura de Ferrand a quienes, a su juicio, dañaron Sevilla: «Mucho debe esta ciudad a Pablo Ferrand y a su enorme entusiasmo por la cultura. ¿Cuántos Pablos necesita todavía Sevilla? Para uno que teníamos, se nos fue antes de tiempo». Y concluyó con una frase que resumió el sentir de la noche: «Vosotros habéis perdido un ser querido, pero Sevilla ha perdido a su gran protector». Tomó después la palabra Álvaro Ybarra, quien compartió durante años redacción con Ferrand en ABC de Sevilla y trazó un retrato humano e intelectual del homenajeado. «Pablo era un personaje poliédrico, difícil de abarcar» , afirmó. «Poseedor de una vasta cultura y una gama de intereses tan amplia que su sonrisa permanente trataba de disimularlo para que dudara de si te estaba hablando en serio o en broma». Ybarra vinculó a Ferrand con la tradición periodística y cultural de la histórica sección 'Hueco Grabado' de ABC y recordó la herencia intelectual recibida de su padre, Manuel Ferrand. «Pablo era sobre todo una voz en la redacción, un libro abierto con el que todos los que querían conocer alguna historia de Sevilla consultaban», aseguró. El exdirector de esta casa destacó especialmente su pasión por la arquitectura, la música, la naturaleza y las costumbres populares: «Convertían cualquier conversación con Pablo en una clase magistral no exenta de humor». Sobre esa ironía tan característica, añadió: «Yo creo que el humor le venía de la bondad con la que miraba las cosas, en un intento de suavizar su visión crítica del deterioro paulatino de la ciudad que tanto amaba». Durante su intervención repasó también las numerosas causas patrimoniales en las que Ferrand se implicó a lo largo de los años: la defensa de la plaza del Duque, la preservación del caserío histórico o la protección de parques y jardines. «Toda su actividad conservacionista la terminó derivando hacia la naturaleza», explicó Ybarra, quien recordó que el periodista «tenía casi contados» los árboles de Sevilla. El periodista concluyó definiendo a Ferrand como «lo más parecido que he conocido a un hombre del Renacimiento florentino trasplantado a Sevilla» y cerró su intervención con una despedida cargada de afecto: «Querido Pablo, compañero, amigo y maestro, muchas gracias». También quisieron unirse a este homenaje Carlos Navarro y Manuel Jesús Florencio, que a pesar de no poder estar presente envió unas palabras que fueron leídas. En él definió a Ferrand como un hombre plenamente entregado al arte y a la curiosidad intelectual. «Su poliédrico y extenso mundo de inquietudes tenía tres grandes polos geográficos: el arte, los viajes y la música», escribió. Florencio evocó la inmensa cantidad de aficiones cultivadas por Ferrand tras su salida de ABC: restaurar discos de pizarra, encuadernar libros, coleccionar películas o perfeccionar técnicas de sonido. «Tantas eran sus aficiones que no dejaba de sorprenderme cada vez que me descubría alguna faceta desconocida de su perfil renacentista», relató. El periodista destacó también la dimensión humana del homenajeado y recordó que donó sus órganos tras su fallecimiento: «Sembró vida con la muerte». Y dejó una de las reflexiones más íntimas de la noche: «Creo que el arte había sido el leitmotiv de su existencia y que a través del arte, la arquitectura, la pintura, la literatura, la música o el cine es posible alcanzar la felicidad». La última intervención correspondió a Ángela Espín, quien recordó la estrecha vinculación de Ferrand con las asociaciones patrimonialistas y el apoyo constante que brindó a Ben Baso desde sus inicios. « Fue una persona clave para nosotros desde el primer momento», afirmó. «Nos apoyó siempre y destacó por su extraordinaria humanidad, su simpatía y su enorme generosidad». Espín repasó el papel del periodista en la difusión de las campañas conservacionistas y leyó varios fragmentos de uno de los últimos textos escritos por Ferrand, titulado 'Vigencia de la piqueta y la motosierra en los cambios del paisaje urbano de Sevilla'. En él denunciaba con ironía la destrucción urbanística de la ciudad: «La piqueta con ayuda de la motosierra sigue siendo la protagonista indiscutible». Y añadía: «Los derribos ocasionados por este utensilio clave se cuentan por miles, al igual que las talas de árboles, lo cual constituye una labor de tal índole que ambos emblemas merecen figurar en el escudo de la ciudad». La representante de Ben Baso cerró su intervención reivindicando precisamente el legado colectivo que Ferrand ayudó a construir: «Queda lo más meritorio: la acción ciudadana de las asociaciones a favor del patrimonio cultural». El acto concluyó con unas palabras de Joaquín Egea, presidente de ADEPA, que hizo hincapié en «si Pablo hubiera elegido un lugar para este homenaje hubiera sido sin duda esta sala y este patio». Entre aplausos y emoción contenida por la familia en el patio de la Casa de Pilatos, un lugar que, como recordó uno de los asistentes al cierre de la velada, probablemente el propio Pablo Ferrand habría elegido para un homenaje a su memoria.