Crítica de 'Lexikon': Lo vanguardista y lo burgués ★★☆☆☆
Autoría y dirección: Tanya Beyeler y Pablo Gisbert (El Conde de Torrefiel). Reparto: Tanya Beyeler, Carmen Collado, Amalia Fernández, Ion Iraizoz y Mauro Molina. Teatro María Guerrero, Madrid. Hasta el domingo.
El postureo todo lo invade hoy en día, empezando por el teatro; no me canso de decirlo. Llama la atención que, en aquellos círculos donde se desprecian innúmeros títulos y autores de nuestro pasado teatral más lejano, reciente o inmediato por ser considerados burgueses, sea donde más cale un tipo de teatro contemporáneo que, al margen de cualquier consideración de índole artística, es, en lo que concierne a su penetración social, tan manifiestamente burgués. Y no se trata de contraponer escuelas o tendencias, sino de reconocer de una vez por todas que, al margen del estilo de cada propuesta, el teatro ha sido, es y será un fenómeno mayoritariamente burgués. Es burgués el espectador, que paga una suma considerable para ver qué ha hecho tal o cual creador que ocupa la contraportada del último número de un suplemento muy cultureta, y lo es también la obra de ese creador, que, obviamente, no está pensada para unos albañiles, mecánicos, empleadas de hogar o vigilantes de seguridad que no se gastarían el dinero que tienen en semejantes ‘exquisiteces’ y que tampoco saben quién es ese creador de moda porque no leen suplementos para culturetas. Hay excepciones, claro: por ejemplo, los musicales. Ahí todo el mundo se gasta la pasta sin distinción. Y se la gasta porque es un género muy básico en el plano intelectual que todo el mundo puede entender -los libretos parecen esquemas escolares de una verdadera trama- y que fía su éxito a la capacidad de conexión primaria y emocional, es decir, no discursiva, que tiene la música.
Dicho todo esto, una obra como ‘Lexikon’ -atentos ya solo al título y a su grafía-, en la que se acumulan sin empacho, en forma de leccioncitas escénicas, las referencias a gente como Jean Michel Basquiat, Andy Warhol, Andréi Tarkovsky, el colectivo de cineastas chinos AO...; en la que se enumeran sin ninguna relevancia argumental escritores, músicos y filósofos de las más variadas latitudes y se alude sin justificación dramática a lugares tan familiares para el público como el parque de Karlsaue de Kassel o el Auditorio Grand Lumière del Palais des Festivals de Cannes, no es que sea ya una obra burguesa, es que rezuma esnobismo por los cuatro costados.
Pero nadie da gato por liebre, porque ese esnobismo es una característica palmaria y definitoria de la trayectoria de El Conde de Torrefiel, una compañía ya muy asentada en el campo de lo posdramático que trata de fundir la plástica escénica con la literatura narrativa para crear una suerte de postales sonoras -bastante pretenciosas en ocasiones- que conforman espectáculos cuya duración excede las posibilidades de su propio lenguaje. Eso sí, en el caso de ‘Lexikon’, hay al menos dos escenas, la de la performance en el museo y la de la Academia Española, repletas de humor inteligente, e incluso de autoparodia, que permiten por fin establecer una verdadera comunicación artística -esto es, ajena a la impostura- con el espectador.
- Lo mejor: Los textos están bien escritos, cosa poco habitual en este tipo de teatro, y un inteligente y conveniente sentido del humor en algunas escenas.
- Lo peor: El presuntuoso exhibicionismo de algunas escenas, en las que parece más importante que el público vea a los autores que lo que se muestra en escena.
