Tan brillante como el albero
Uno de los grandes triunfadores de la feria de 1969 fue, desde luego, Ángel Teruel. Salió a hombros la tarde de su confirmación, y pese a su buena actuación en su segunda comparecencia, sus fallos con el estoque le privaron de un triunfo que tuvo en sus manos.
Pero dos días más tarde, el 21 de mayo de 1969, redondeó su paso por Las Ventas con otra faena antológica a un toro de Pilar Fernández Cobaleda del que le conceden las dos orejas.
Ya había dado la vuelta al ruedo tras acabar con su primero, de Santos Cobaleda, completando así un ciclo brillantísimo y en el que estuvo tan brillante como el albero que aquel año se trajo de Alcalá de Guadaira para acondicionar el ruedo, sustituyendo así a la grisácea arena de río sobre las que, hasta entonces, pisaban los toreros en Las Ventas.
