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De Southport a Belfast: la teoría del "doble rasero" que alimenta el auge de la extrema derecha británica

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El verano de 2024 marcó un punto de inflexión. Los asesinatos de Southport desencadenaron la peor ola de violencia ultraderechista registrada en Reino Unido desde la Segunda Guerra Mundial. Hoteles que alojaban solicitantes de asilo fueron atacados, mezquitas sufrieron actos vandálicos y más de un millar de personas acabaron detenidas. En Westminster muchos confiaron entonces en que se trataba de una explosión puntual de ira alimentada por la desinformación en redes sociales. Dos años después, los disturbios que vuelven a sacudir Belfast sugieren algo muy distinto: que aquella revuelta fue el primer síntoma visible de una nueva forma de movilización política que sigue ganando fuerza.

La última chispa saltó esta semana en Irlanda del Norte. El intento de asesinato de Stephen Ogilvie, un trabajador sanitario británico, a manos de Hadi Alodid, un refugiado sudanés de 30 años, desencadenó varias noches consecutivas de disturbios, ataques contra propiedades vinculadas a inmigrantes y enfrentamientos con la policía. Las imágenes del ataque, grabadas por testigos y difundidas masivamente en redes sociales, recorrieron el país en cuestión de horas.

"Doble rasero"

Apenas unos días antes, la condena de Vickrum Digwa, representante de la comunidad Sij- por el asesinato del joven Henry Nowak había provocado otra ola de indignación. El caso adquirió una enorme dimensión política cuando trascendió que la víctima había sido esposada por agentes mientras agonizaba tras haber sido acusada falsamente de comentarios racistas por su agresor, que acabó con su vida utilizando su kirpan, la daga ceremonial que la ley británica permite portar a los fieles de esta religión india.

Para sectores de la derecha populista, aquello se convirtió en una prueba más de que las instituciones británicas aplican un supuesto "doble rasero" en función del origen étnico de víctimas y agresores. La misma narrativa ya había emergido con fuerza tras los asesinatos de Southport. La muerte de tres niñas durante una clase de baile provocó una avalancha de rumores en internet que identificaban falsamente al autor como un solicitante de asilo musulmán recién llegado al país. Aunque la información resultó ser falsa, el daño ya estaba hecho. Durante días, ciudades enteras vivieron escenas de violencia que parecían impensables en el Reino Unido moderno.

De aquellos disturbios surgió una expresión que hoy ocupa un lugar central en el discurso de la derecha populista británica: two-tier Britain, o Gran Bretaña de doble rasero. Según esta teoría, las instituciones públicas favorecerían a inmigrantes y minorías étnicas mientras los ciudadanos blancos serían tratados como ciudadanos de segunda categoría.

El discurso ha encontrado altavoces cada vez más influyentes. Nigel Farage, líder de Reform UK y gran vencedor de las elecciones locales y regionales celebradas en mayo, lleva años vinculando inmigración, delincuencia y deterioro de los servicios públicos. Pero el fenómeno ha adquirido una dimensión global gracias al respaldo de figuras como Elon Musk, cuya red social X cuenta con más de 240 millones de seguidores. El propio vicepresidente estadounidense, JD Vance llegó a relacionar la muerte de Henry Nowak con la "invasión masiva de migrantes".

La percepción se impone a la evidencia

Sin embargo, los datos cuentan una historia bastante diferente. Según el Observatorio de Migraciones de la Universidad de Oxford, las tasas de encarcelamiento y condena de ciudadanos extranjeros son similares o incluso inferiores a las de los británicos cuando se corrigen factores como la edad y el sexo. Del mismo modo, las estadísticas policiales muestran que las minorías étnicas continúan teniendo más probabilidades de ser sometidas a controles policiales que la población blanca. Pero en una época dominada por las redes sociales, la percepción suele imponerse a la evidencia.

Y pocas regiones ilustran mejor esta tensión que Irlanda del Norte. La provincia sigue siendo una de las zonas más desfavorecidas económicamente del Reino Unido. Aunque el Acuerdo de Viernes Santo puso fin en 1998 a tres décadas de conflicto sectario entre unionistas protestantes y nacionalistas católicos, la sociedad continúa profundamente dividida. Los llamados "muros de la paz" siguen separando barrios enteros y el Brexit reabrió heridas que muchos creían cerradas. El Protocolo de Irlanda del Norte, que introdujo controles comerciales entre la provincia y el resto del Reino Unido, fue interpretado por amplios sectores unionistas como una traición de Londres.

El papel de las redes

En ese contexto de desconfianza institucional, bajos salarios y servicios públicos sometidos a una enorme presión, la inmigración ha emergido como una nueva fuente de tensión. Las cifras migratorias siguen siendo modestas en comparación con muchas ciudades inglesas. Sin embargo, en barrios donde alrededor del 20% de la población vive en situación de pobreza, incluso pequeños cambios demográficos pueden adquirir una enorme relevancia política. Las redes sociales han hecho el resto. Expertos en radicalización llevan años alertando de que plataformas como X, Facebook o Telegram permiten transformar un incidente local en una crisis nacional en cuestión de horas.

Para el Gobierno de Keir Starmer, el desafío trasciende el mantenimiento del orden público. Lo que está en juego es la capacidad de las instituciones para responder a una narrativa que presenta cada crimen cometido por un inmigrante como una prueba del supuesto colapso nacional en una sociedad cada vez más polarizada.




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