Las raíces liberales de León XIV
Robert Prevost Martínez, que ese es el nombre completo del Papa León XIV, no se anduvo por las ramas en su intervención en el Congreso de los Diputados, en la que, además, dejó también un mensaje liberal: «Desde España –dijo –, la reflexión de la Escuela de Salamanca –y, de manera particular, fray Francisco de Vitoria (1483-1546), y otros dominicos y jesuitas– contribuyó a formar una conciencia jurídica y moral capaz de recordar que la autoridad lleva siempre consigo una responsabilidad y que todo ser humano debe ser reconocido como sujeto de derechos y deberes».
Para una mayoría amplia de diputados y senadores —es muy probable que una mayoría absoluta muy holgada—, la Escuela de Salamanca y Francisco de Vitoria eran, y es probable que todavía lo sean, desconocidos.
Pedro Sánchez, como economista, seguro que sabía algo de la Escuela y del dominico, aunque también es probable que no con mucho detalle. En el PP, Alberto Nadal sí era capaz de explicar con detalle, y con opiniones propias, la esencia y la importancia de aquellos frailes y sus ideas, que fueron el germen del liberalismo. Antes que Adam Smith (1723-1790), un grupo de teólogos morales, llamados escolásticos tardíos, se mostraron «tan favorables al libre mercado como la tradición escocesa, muy posterior».
Llewellyn H. Rockwell Jr., del Mises Institute, uno de los grandes centros liberales del mundo, defiende que «los fundamentos teóricos –liberales– de Francisco de Vitoria y de sus seguidores eran todavía más sólidos» y que «anticiparon las teorías del valor y del precio de los marginalistas austríacos del siglo XIX», origen de la Escuela Austríaca de Carl Menger (1840-1921) y Ludwig von Mises (1881-1973), también referentes del liberalismo.
Francisco de Vitoria fue el fundador y el impulsor de lo que, pasado el tiempo, se conocería como Escuela de Salamanca. Schumpeter (1883-1950) reparó en ella a través de un libro de José Larraz (1904-1971), ministro en tiempos de Franco (1892-1975) y uno de los pocos que le dimitió al dictador, pero fue la británica Marjorie Grice-Hutchinson (1909-2003) la que, con sus libros de 1952 y 1978, más ha contribuido a su conocimiento.
Vitoria desarrolló la «teoría social del valor» y también, según Grice-Hutchinson, sostuvo que «la utilidad es la fuente principal del valor y el precio justo es el determinado por la estimación común, esto es, por el juego de la oferta y la demanda».
El clérigo defendía el «precio justo», que es el «precio corriente en el mercado» si no hay fijado ningún otro. Distinguía entre bienes necesarios y superfluos o de lujo, para los que nunca debe existir ninguna limitación en sus precios.
Diego Covarrubias (1512-1577), uno de los discípulos de Vitoria, siguió adelante con sus teorías y enseñanzas y explicó que «la propiedad no se extiende solo al bien adquirido, sino también a sus frutos». Además, fue uno de los primeros y entusiastas defensores de «la moralidad de la actividad comercial», hasta entonces denostada en los ámbitos social y eclesiástico de la época.
La visita de León XIV a España y la mención a Francisco de Vitoria coinciden con el quinto centenario de la obtención de la cátedra de Teología de la Universidad de Salamanca por el clérigo precursor del liberalismo.
Para conmemorarlo, los profesores José Carlos Martín de la Hoz y León M. Gómez Rivas publicaron a finales del año pasado la obra «La Escuela de Salamanca» (Sekotia), subtitulada «El legado de Francisco de Vitoria: 500 años influyendo en la economía, los derechos humanos y la filosofía occidental».
Es probable que el Papa Prevost no sea un especialista en la Escuela de Salamanca, pero las enseñanzas de aquellos clérigos pioneros del liberalismo están presentes en la reciente encíclica «Magnifica humanitas» y, por supuesto, en sus palabras ante diputados y senadores, quizá atónitos.
Su defensa de «la doctrina social de la Iglesia», actualización de la Rerum Novarum, ha sido aplaudida incluso por parte de la izquierda y de la extrema izquierda, muy alejada, cuando no opuesta de forma abierta, a la doctrina del Vaticano. León XIV critica algunas malas prácticas del capitalismo, pero no ha arremetido contra el liberalismo, que surgió para defender los derechos de las personas y luego incluyó los asuntos económicos.
La «Magnifica humanitas» es clara: «las ayudas económicas a los pobres –dice en el punto 149– siguen siendo a veces necesarias en situaciones de emergencia, pero no pueden convertirse en la única respuesta, ya que el objetivo es ofrecer a cada persona las condiciones para vivir dignamente a través de su propio trabajo». Liberal impecable. Solo hay que leer y escuchar a León XIV.
